Ni emigrados ni exiliados: indignados e insumisos

“La madre del emigrante”, monumento situado en Gijón (Mapio).-

En un texto publicado hace unos días, Alberto Arce se plantea si los miembros de la emigración española provocada por una crisis económica que se ha hecho permanente en nuestro país podríamos no ser “emigrantes”, sino “exiliados”. Es una pregunta importante para los cientos de miles que nos hemos tenido que ir porque, aún varios años después, arrastramos un sentimiento de extrañeza, e incluso de culpa o sorpresa, como si realmente alguien nos hubieran echado de golpe o si realmente hubiéramos hecho algo mal que hubiera merecido este castigo. Aclarar exactamente qué nos ha pasado, darle sentido a una experiencia que ha resultado profundamente traumática para todos nosotros, nos ayudará a entender mejor qué ha sucedido (y sucede) en España, quiénes somos y qué papel podemos jugar todavía en el destino de nuestro país. Esta claridad también puede ayudar a quienes siguen en España a entender mejor qué sucede y por qué sus hermanos, hijos, amigos o parejas terminan desvaneciéndose de un día para otro.

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La esencia del amor (divagación)

Había empezado a releer El nombre de la rosa, de Umberto Eco, y, aprovechando que pasé varios días en cama con fiebre, avancé en la lectura y me volví a ver la película. Debió ser la combinación onírica de la fiebre, la escritura de Eco y el releerlo con 34 años, pero el libro me habló de un modo muy distinto a cuando lo abrí por primera vez a los 14.

Por un lado, el lenguaje rico y reposado de Eco me sumió en un estado meditativo, en el que el paciente trabajo milenario de los monjes copistas que describe se mezclaba con las visiones de Adso en la iglesia  de la abadía y con cada giro de las discusiones filosóficas de su maestro con los monjes que iba interrogando. A eso se le sumó la alegría de volver a leer en mi lengua materna castellana. [1]

Entonces, como si todo encajara de golpe, entendí de pronto lo que siempre, sin saberlo articular, había concebido como la esencia misma del amor, y que tanto me había costado definir en estos tiempos de bronca política y humanitaria sin caer en la sensiblería.

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  1. [1]Y es tanto lo que la empiezo a anhelar en este país de encrucijada de pueblos nórdicos, orientales y centroeuropeos. Aquí, los ecos siseantes, pesados, lentos o rotundos de las lenguas que me rodean, forjadas en la oscura crueldad de una tierra torva, helada y ahogada en pantanos de agua turbia y nieve ensangrentada, oprimen hostiles el canto del castellano; y casi anulan del todo el recuerdo de la luz y la calidez de una mañana de primavera española, que, sin embargo, logro evocar con apenas unas frases en mi lengua traídas de la distancia de mi memoria.

La cultura se comparte

viento

Hablando con un amigo esta tarde, me he dado cuenta de lo importante que es compartir cuanto sabemos con los demás. Él enseña en una universidad estonia y me ha explicado cómo los alumnos le llegan cada vez con menos conocimientos en general. Pero, peor aún, con menos sangre en las venas, más pasivos, menos resistentes a la frustración y más proclives a refugiarse en su teléfono o en su portátil para huir de una explicación compleja. Lo preocupante es que me ha citado un par de ejemplos en que son las autoridades educativas en distintos países europeos las que están exigiendo a los profesores que “hablen más sencillo”, que utilicen un lenguaje menos complicado, a la par que reducen las horas lectivas destinadas a los programas de las humanidades. El resultado son alumnos que simplemente no saben, recuerdan mal algunas cosas y salen completamente mal preparados en su campo, derechos a no ser capaces siquiera de empezar a hacer nada.

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Immigrant Panic and the Estonian Media

Reading a text at a meeting carried out by EKRE in Tartu last February 6th. The party held meetings in cafes that day in different cities of the country to inform of the dangers of multiculturalism, heeding to the call of a pan-European day of fight against immigration called in conjunction with the German party Pegida among others. (Photo: Anton Klink for Delphi)

A survey taken last month has found 21% of Estonians considers immigration to be the biggest problem Estonia is facing at the moment. Unemployment was second, chosen by 12% of the respondents.

The question is the following: how did 21% of Estonians come to consider immigration their main national worry when the country is yet to receive a single asylum seeker from the assigned EU quota? Or, in other words, why so many people are troubled about something they do not know from first hand? The answer must then lie in what has been told to them about the immigration crisis. Read On…

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You, Estonians, Are Being Lied To About Race

EKRE

EKRE’s website main banner. Why is it always about women?

What angers me the most about what happened to me last Saturday evening in Tallinn is that it was all a lie. It’s not that the middle-aged swastika-tattooed Estonian man who told my friends and I from his table at a restaurant “Estonia is for Whites only, go to your country” didn’t believe in what he said —idiots be idiots everywhere—, but the fact that he was echoing a false debate taking place right now among Estonians is worrisome. This lie has a strong potential for harming the country, and something maybe even worse: to make it waste its precious time.

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