Tener lo suficiente y lo necesario en el presente

Descubrí a Séneca hace un par de años a través de sus Epístolas morales a Lucilio, en la fantástica traducción inglesa de Robin Campbell en Penguin [1].

Desde entonces, uno de los mejores hábitos que he tratado de adquirir es el de meditar sobre una de sus cartas cada mañana al levantarme, temprano y algo antes de lo habitual para contar con el silencio previo al día de trabajo. Media hora de lectura y anotar algún pensamiento sobre mi vida tienden a cimentar el día y a dejarme tranquilo hasta la noche. En los periodos en que lo he hecho, he logrado alcanzar una calma feliz que relaciono con la idea estoica de felicidad.

Tras un tiempo sin hacerlo, y hallándome necesitado de paz interior, decidí volver al hábito y reabrí el libro esta mañana desde el principio. Cada vez que las releo, un detalle distinto me llama la atención según el momento por el que esté pasando en mi vida.

Sigue leyendo

Share Button
  1. [1]Es fantástica porque, a diferencia de las traducciones españolas que he visto, que tratan de ser fieles al texto en detrimento del lector, la de Robin Campbell trata de transmitir las ideas en inglés contemporáneo. El resultado es un texto directo, claro y con toda la fuerza de pensamiento del original.

Por la negociación en Cataluña: salgamos a la calle

Ayer tuvieron lugar actos de gravísima violencia contra ciudadanos catalanes que ofrecían resistencia generalmente pasiva a los cuerpos de seguridad españoles. Que más de 800 ciudadanos españoles fueran maltratados gravemente por su propia policía es lo más importante de lo sucedido ayer en Cataluña. Esa fue la gran novedad de ese día. Que un gobierno regional en rebeldía organizara una farsa como excusa para declarar la independencia y que el gobierno central siguiera en su búnker de silencio, incapaz de articular argumentos y acciones dirigidas a convencer y negociar tampoco era novedad: llevaba sucediendo demasiado tiempo.

Sigue leyendo

Share Button

On Post-truth as a Development of Capitalism (Fragments)

I. Could the trait of refusing to engage with the pursuit of reasoned truth –to even attempt to elucidate the truth– that appears to be the sign of our times be a reflection of a late stage in the ideological encroachment of capitalism? Could the habit of satisfying our desires at any moment through the choice between different options competing in the marketplace have become so deeply ingrained in our minds that some of us might have started to choose not just to take shelter in alternative realities in the face of difficulties, but to actually behave –not pretend– as if their wishes towards reality, timely reflected in the offers of a new sort of polished strong men, were real?

Read On…

Share Button

Ni emigrados ni exiliados: indignados e insumisos

“La madre del emigrante”, monumento situado en Gijón (Mapio).-

En un texto publicado hace unos días, Alberto Arce se plantea si los miembros de la emigración española provocada por una crisis económica que se ha hecho permanente en nuestro país podríamos no ser “emigrantes”, sino “exiliados”. Es una pregunta importante para los cientos de miles que nos hemos tenido que ir porque, aún varios años después, arrastramos un sentimiento de extrañeza, e incluso de culpa o sorpresa, como si realmente alguien nos hubieran echado de golpe o si realmente hubiéramos hecho algo mal que hubiera merecido este castigo. Aclarar exactamente qué nos ha pasado, darle sentido a una experiencia que ha resultado profundamente traumática para todos nosotros, nos ayudará a entender mejor qué ha sucedido (y sucede) en España, quiénes somos y qué papel podemos jugar todavía en el destino de nuestro país. Esta claridad también puede ayudar a quienes siguen en España a entender mejor qué sucede y por qué sus hermanos, hijos, amigos o parejas terminan desvaneciéndose de un día para otro.

Sigue leyendo

Share Button

La esencia del amor (divagación)

Había empezado a releer El nombre de la rosa, de Umberto Eco, y, aprovechando que pasé varios días en cama con fiebre, avancé en la lectura y me volví a ver la película. Debió ser la combinación onírica de la fiebre, la escritura de Eco y el releerlo con 34 años, pero el libro me habló de un modo muy distinto a cuando lo abrí por primera vez a los 14.

Por un lado, el lenguaje rico y reposado de Eco me sumió en un estado meditativo, en el que el paciente trabajo milenario de los monjes copistas que describe se mezclaba con las visiones de Adso en la iglesia  de la abadía y con cada giro de las discusiones filosóficas de su maestro con los monjes que iba interrogando. A eso se le sumó la alegría de volver a leer en mi lengua materna castellana. [1]

Entonces, como si todo encajara de golpe, entendí de pronto lo que siempre, sin saberlo articular, había concebido como la esencia misma del amor, y que tanto me había costado definir en estos tiempos de bronca política y humanitaria sin caer en la sensiblería.

Sigue leyendo

Share Button
  1. [1]Y es tanto lo que la empiezo a anhelar en este país de encrucijada de pueblos nórdicos, orientales y centroeuropeos. Aquí, los ecos siseantes, pesados, lentos o rotundos de las lenguas que me rodean, forjadas en la oscura crueldad de una tierra torva, helada y ahogada en pantanos de agua turbia y nieve ensangrentada, oprimen hostiles el canto del castellano; y casi anulan del todo el recuerdo de la luz y la calidez de una mañana de primavera española, que, sin embargo, logro evocar con apenas unas frases en mi lengua traídas de la distancia de mi memoria.