Viktor Denisenko (Vilnius)- El jueves 2 de abril, tuvo lugar una acción de protesta preventiva de los empleados públicos del Estado en Lituania. Los policías, agentes de aduanas y bomberos que protestaron pretendieron llamar la atención de las autoridades hacia sus bajos salarios. Este es un problema que parece durar ya por bastante tiempo, pero parece haberse agravado con la crisis.
Los funcionarios que protestaron destacaron que no pueden realizar sus funciones adecuadamente. En otras palabras, salieron a la calle para mostrar que si los que ostentan el poder no se ocupan de ellos, también es probable que sean incapaces de ayudar a quienes lo necesiten.
Por otra parte, la respuesta de las autoridades lituanas a todo el que reclama, sean funcionarios, personal médico o profesores, lleva siendo la misma desde hace bastante tiempo: no hay dinero. Esto no suele encajar con las expectativas de los ciudadanos movilizados.
Es compresible que el bienestar de la ciudadanía no pueda mejorarse por arte de magia. De hecho, quienes ocupan los escaños del Parlamento no son magos. Sin embargo, las autoridades deberían prestar más atención a las quejas de los funcionarios. Después de todo, son los cimientos del Estado.
La legislación lituana prohibe hacer huelga a los empleados públicos. Tiene sentido. A nadie le gustaría ver a policías y bomberos de brazos cruzados. La otra cara de la moneda es que tienen una potente herramienta para informar a las autoridades de sus necesidades. Precisamente por ello, la elite dirigente debería tomar buena nota y mostrar más sensibilidad hacia las necesidades y expectativas de los funcionarios. Esto sería, por lo menos, lo justo.





