Los funcionarios se pueden quejar

Viktor Denisenko (Vilnius)- El jueves 2 de abril, tuvo lugar una acción de protesta preventiva de los empleados públicos del Estado en Lituania. Los policías, agentes de aduanas y bomberos que protestaron pretendieron llamar la atención de las autoridades hacia sus bajos salarios. Este es un problema que parece durar ya por bastante tiempo, pero parece haberse agravado con la crisis.

Los funcionarios que protestaron destacaron que no pueden realizar sus funciones adecuadamente. En otras palabras, salieron a la calle para mostrar que si los que ostentan el poder no se ocupan de ellos, también es probable que sean incapaces de ayudar a quienes lo necesiten.

Por otra parte, la respuesta de las autoridades lituanas a todo el que reclama, sean funcionarios, personal médico o profesores, lleva siendo la misma desde hace bastante tiempo: no hay dinero. Esto no suele encajar con las expectativas de los ciudadanos movilizados.

Es compresible que el bienestar de la ciudadanía no pueda mejorarse por arte de magia. De hecho, quienes ocupan los escaños del Parlamento no son magos. Sin embargo, las autoridades deberían prestar más atención a las quejas de los funcionarios. Después de todo, son los cimientos del Estado.

La legislación lituana prohibe hacer huelga a los empleados públicos. Tiene sentido. A nadie le gustaría ver a policías y bomberos de brazos cruzados. La otra cara de la moneda es que tienen una potente herramienta para informar a las autoridades de sus necesidades. Precisamente por ello, la elite dirigente debería tomar buena nota y mostrar más sensibilidad hacia las necesidades y expectativas de los funcionarios. Esto sería, por lo menos, lo justo.

Lituania quiere el Euro saltándose las reglas

eurolitViktor Denisenko (Vilnius)- Entrar en el Euro es un viejo sueño lituano. La prioridad de la meta no era discutible. Lo más cerca que estuvo Lituania de esto fue a finales de 2007, cuando cumplía todos los criterios de Maastrich excepto uno: la inflación superaba en un 01,% la norma establecida. Fue por esto que Lituania no entró en el Euro y Eslovaquia tuvo éxito.

Ahora, las perspectivas de entrada en la eurozona se alejan por un tiempo: las previsiones más optimistas apuntan que Lituania no volverá a cumplir los requisitos hasta 2010 o 2011 por lo menos. Claro, depende de cuánto dure la crisis financiera.

No hace mucho, los representantes de los países de la UE que no están en el euro comenzaron a discutir sobre las desigualdades entre viejos y nuevos miembros de cara a la creciente crisis. El primer minitro, Andrius Kubilius es partidario de entrar en el euro a pesar de Maastrich. Piensa que hacerlo permitiría a Lituania y a otros países evitar la devaluación de sus monedas. Bruselas, sin embargo, lo dejó muy claro y, a pesar de la declaración de solidaridad entre los países de la UE, la propuesta no será escuchada.

Lituania ha vivido en sus carnes la dureza de los criterios de convergencia más que ningún otro país. La toma de decisiones en la UE es estricta e inamovible. Los diplomáticos lituanos trataron de disuadir a Bruselas arguyendo que no entrar en el Euro por una décima de inflación era inconcebible. Pero los funcionarios europeos se mantuvieron firmes, como en el caso de la prolongación de la vida del reactor nuclear de Ignalina. Lituania tiene hasta fin de año para cerrarlo.

Parece que las clases dirigentes de Lituania y otros países vieron en la crisis una buena oportunidad para dar pena a los funcionarios europeos, pero el plan ha fracasado. Dura lex, sed lex (La ley es dura, mas es ley) describe perfectamente la situación. Queda claro que los nuevos miembros de la Unión no deberían esperar indulgencias ni por la crisis ni por ninguna otra circunstancia.

Imagen: Anverso del modelo de euro lituano (Wikipedia)

Vilnius toma cautela

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Las consecuencias de los desórdenes que tuvieron lugar el 16 de enero en Vilnius todavía se hacen sentir en la vida política y pública lituana. Hace poco, ha trascendido que el Gobierno local de Vilnius trata de circunscribir los permisos para acciones de protesta a sólo los casos en que los organizadores garanticen que el número de manifestantes no superará los 300. Si no es así, no se emitirá el permiso.

Los estudiantes que tenían planeado protestar contra la reforma de la educación superior se han enfrentado a esta medida. El grupo civil “Por una educación superior accesible y de calidad en Lituania” no obtuvo permiso para manifestarse frente al Parlamento por no haber dado al Gobierno local garantías de que no acudirían más de 300 personas. Así, montaron un piquete de 10 personas (que no requiere permiso). Miembros del grupo se plantaron frente al Parlamento con la boca tapada en protesta por las nuevas limitaciones  a la protesta.

En una nota de prensa, el grupo estudiantil consideraba absurdas las razones por las que no habían obtenido el permiso. Acusan al Gobierno de “violar la norma que salvaguarda el derecho a las reuniones de masas estipulado la Constitución”. No van a renunciar y esperan ver aprobada su manifestación el 1 de abril. Miembros de la campaña consideran inaceptable la restricción al numero de participantes. Hay que señalar que la población estudiantil supera los 200.000 individuos en Lituania, que alberga a unos tres millones de habitantes, y que la mitad de ellos estudia en la capital.

Hay razones muy claras para entender la preocupación del Gobierno local. Los estudiantes representan un amplio sector socialmente activo de la población proclive a echarse a la calle. En un momento de descontento generalizado, cualquier protesta puede llevar al desorden civil. La reforma de la enseñanza superior preocupa a los estudiantes y es criticada por varios académicos. De modo que hay motivos para dudar de la tranquilidad de la protesta.

Medida inconstitucional

Sin embargo,tratar de prohibir la protesta o restringirla con condiciones imposibles no es la mejor estrategia. El intento de no exponerse del Gobierno local vulnera efectivamente el derecho constitucional a “reunirse desarmados en concentraciones pacíficas” (artículo 36 de la Constitución de la República de Lituania). El Gobierno local se escuda en que trata de mantener el orden público (elemento señalado en el mismo artículo constitucional). Aún así, no parece una excusa perfecta.

De cualquier manera, los intentos de restringir el número de participantes en las acciones de protesta resultan preocupantes, ya que pueden ser el primer paso hacia restricciones más amplias de derechos civiles y libertades. Esperamos que el “espíritu de la democracia” triunfe, teniendo en cuenta que todos los políticos lituanos más relevantes afirman sus intenciones democráticas, incluidos los del Gobierno local de Vilnius.

Imagen: Vista del Seimas, el parlamento lituano, en Vilnius (Metro Vilnius)

Los candidatos no tienen prisa en decidirse

dalia-grybauskaiteLituania espera celebrar elecciones presidenciales en mayo. A medida que se acerca el evento, los ciudadanos discuten con más pasión acerca de los posibles candidatos. El actual presidente, Valdas Adamkus, termina su segundo mandato y, por tanto, no puede ser reelegido.

La semana pasada, quedó claro que el grupo Sąjūdis apoyaría la candidatura de Vytautas Landsbergis, actualmente parlamentario europeo. Landsbergis fue el primer jefe de Estado formal de Lituania tras la restauración de la independencia. Por entonces, era el presidente del Parlamento. Se presentó a las primeras elecciones presidenciales en 1992, pero carecía del apoyo popular necesario. El primer presidente fue Algirdas Brazauskas.

Lo curioso es que Landsbergis es presidente de honor de la Unión Patriótica (conservadores), pero el partido va a dar su apoyo a la comisaria europea de Planificación financiera y presupuestos  Dalia Grybauskaitė. Es la candidata con más posibilidades de ganar las próximas elecciones presidenciales. Sin embargo, Grybauskaitė no ha anunciado su intención de participar en la carrera presidencial.

Brazauskas es también otro posible candidato. Sólo ha ocupado el cargo una vez y no se ha vuelto a presentar desde entonces. Teóricamente, tiene posibilidades de volver a la jefatura de Estado.

Un puesto no muy codiciado

Algunos mencionan al cabeza de Resurrección Nacional, el ex showman Arūnas Valinskas, como otro posible candidato. Últimamente, los sondeos lo presentan como un candidato firme, pero por el momento su credibilidad ha decaído considerablemente. Las encuestas sociológicas prueban que los lituanos se han decepcionado rápidamente con su liderazgo político. Los últimos datos lo etiquetan como “político impopular”.

El Presidente de Lituania no es la figura política más influyente del país. El Gobierno tiene más competencias y poder en general. El Jefe de Estado no tiene mucha influencia en la política interior, sino que retiene capacidad de maniobra en las relaciones exteriores. Según la Constitución, tiene 24 funciones (articulo 84), entre las que figuran firmar las leyes (puede vetarlas, pero el Parlamento puede levantar el veto después de una revisión), la entrega de premios nacionales, la decisión de indultar, etc. Por tanto, no todos los políticos lituanos ven el puesto de Presidente como el más tentador. Muchos ven trabajar como parlamentarios europeos en Bruselas como una carrera bastante más aceptable.

Imagen: La comisaria europea de Planificación financiera y presupuestos, Dalia Grybauskaitė.

Vilnius aguarda nuevas protestas

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Las autoridades lituanas serán puestas de nuevo a prueba el 3 de febrero. Una nueva manifestación de los sindicatos ha sido autorizada frente al Parlamento para ese día.

A diferencia de las del pasado 16 de enero, que desembocaron en protestas masivas, ésta tendrá lugar frente a otra parte del edificio. La Policía ya ha prometido implementar medidas de seguridad sin precedentes para evitar el escenario de enero. La concentración que se avecina no será menos que la anterior. Se esperan no menos de 20.000 personas de todo el país.

Las autoridades están preocupadas por la protesta. Algunos líderes parlamentarios han pedido ya al Gobierno local que no autorice la marcha ante el Parlamento o que propongan un emplazamiento alternativo. Entre estos lugares han estado el Parque Nagorny, en el centro histórico, pero lejos de los edificios gubernamentales, o el Parque Vingis, donde se organizan tradicionalmente las fiestas y grandes conciertos. El Gobierno local ha decidido, sin embargo, que los ciudadanos tienen derecho a expresarse en las cercanías de las autoridades y ha ignorado estas propuestas.

Prestemos atención a algunos aspectos de esta situación. La reacción de las autoridades, cercana a la histeria ante la ira de los ciudadanos, muestra la inestabilidad del actual Gobierno lituano. Sencillamente, quiere tener a los ciudadanos lejos. Por eso querían que la manifestación no se celebrara cerca de edificios gubernamentales. En este sentido, la reacción del Gobierno municipal es elogiable.

El comportamiento de los manifestantes dependerá una vez más de cómo reaccionen los representantes de las elites. Han de tener el valor de acercarse a hablar a pesar del riesgo de recibir algún que otro huevazo y de asumir parte de la responsabilidad por la desconfianza y los sentimientos encontrados. Las autoridades no están escuchando a la sociedad. Ese es el problema en Lituania (y no sólo aquí). Los políticos sólo escuchan en período preelectoral.

El escenario de Riga, repetido en Vilnius

El 16 de enero, los sindicatos llevaron a cabo acciones de protesta contra la política del Gobierno en las ciudades lituanas (en Klaipeda, esto ocurrió el 17). Son ya muchos los ciudadanos insatisfechos con las estrictas medidas anticrisis. Entre ellas, una subida de impuestos sobre las gasolinas, el tabaco y el alcohol y el fin de las exenciones del IVA para algunos alimentos, servicios y otros. Las autoridades no parecen dispuestas a escuchar a los ciudadanos de a pie y mantener un diálogo con ellos. Desafortunadamente, en Vilnius y en Sauliai, tuvieron lugar varios desórdenes durante las protestas. Los choques más graves tuvieron lugar en la capital, cerca del edificio del Parlamento.

Alrededor de 7.000 personas se reunieron en Vilnius. Vinieron de todas partes del país. Unos centenares de adolescentes agresivos se convirtieron en la fuerza instigadora de los desórdenes. Las instituciones legales lituanas han llevado a cabo una investigación para determinar si los desórdenes estaban planeados y, de ser así, quién lo hizo. El primer ministro Andrius Kubilius acusó indirectamente de esto a Algirdas Paleckis, el líder partido del partido de ultra izquierda Frontas. Frontas no logró ningún escaño en las últimas elecciones parlamentarias. Por su parte, Paleckis prometió denunciar por difamación a Kubilius.

Insatisfecha con la política de las elites dirigentes, la gente arrojó piedras, palos, huevos y bolas de nieve contra el Parlamento y la policía que lo protegía. Las fuerzas de seguridad emplearon gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a los manifestantes. Estaban preparados, ya que esperaban que los sucesos de unos días antes en la capital letona, Riga,  se repitieran en Vilnius. Y así fue.

151 detenidos

Los enfrentamientos se saldaron con 43 manifestantes y algunos policías heridos. Fueron detenidas 151 personas junto al Parlamento. Muchos fueron liberados tras rellenar los protocolos, aunque 15 permanecen todavía bajo custodia policial. Varios abogados conocidos se han ofrecido a representarles gratuitamente. Afirman solidarizarse de esta manera con los participantes en la protesta.

Los manifestantes causaron daños al edificio del Parlamento estimados en 233.000 litas (unos 68.000 euros). Rompieron ventanas y farolas alrededor del recinto y una fuente cercana quedó dañada. A pesar de que el Gobierno acusa a los sindicatos de no mantener el orden durante la protesta, los primeros responsables de la ola de indignación que ha llevado a los desórdenes son los actuales dirigentes políticos. De hecho, ningún miembro de la coalición dirigente salió a escuchar las reivindicaciones de los manifestantes. Los desórdenes se han convertido en la respuesta a la indiferencia de las elites dirigentes hacia las expectativas de la gente corriente, que teme el deterioro de las condiciones económicas y sociales.

Los sindicatos no se van a cruzar de brazos. La protesta que derivó en enfrentamientos es sólo la primera de una serie de protestas masivas programadas. La próxima será el 2 de febrero. Y puede reunir aún a más ciudadanos que la del 16 de enero. Las autoridades tienen tiempo para revisar sus acciones y sacar conclusiones.

Vídeo: Imágenes del canal Russia Today acerca de los disturbios en Vilnius (YouTube)

Día de los Defensores de la Libertad

El 13 de enero, Lituania recuerda a aquellos que defendieron la independencia del Estado hace 18 años, el 13 de enero de 1991, durante los trágicos eventos que tuvieron lugar cerca de la torre de televisión de Vilnius.

Al amparo de la noche, las tropas soviéticas tomaron al asalto la torre de televisión del microdistrito de Karoliniškės y la central de televisión de la calle Konarskio. Una multitud tranquila rodeaba los edificios para protegerlos. Existía la esperanza de que Moscú no empleara la fuerza contra civiles pacíficos, pero fracasó. Fueron empleados tanques en los asaltos a ambos edificios, con 14 civiles muertos y otros 700 heridos. Estos terribles resultados llevaron al liderazgo soviético a desistir del asalto al Sóviet Supremo de Lituania (el Parlamento de entonces), que estaba protegido por más de 10.000 personas. Unos días antes, las tropas soviéticas habían tomado la imprenta estatal y saboteado la publicación de varios periódicos republicanos.

El 11 de marzo de 1990, el Sóviet Supremo de Lituania había aprobado la ley “Del restablecimiento de la independencia de la República de Lituania”, que incluía la retirada de la Unión Soviética. Desde ese momento, Lituania se encontraba en abierto desafío a Moscú. La fecha de la represión de los partidarios de la independencia no fue elegida al azar. En enero de 1991, la atención pública mundial se hallaba concentrada en la Primera Guerra del Golfo. El Kremlin esperaba que la supresión de la independencia lituana no despertara mucho interés.

A pesar de la intervención militar, la lucha por la restauración de la independencia continuó. Esa misma noche, tras la toma de la torre de televisión, la TV Independiente de Lituania retomó sus emisiones desde un estudio de reserva en la ciudad de Kaunas, la segunda más grande de Lituania. La prensa clandestina continuó saliendo y las instituciones del Estado independiente (policía, aduanas, etc) comenzaron a establecerse. La gente desarmada que no temió plantarse delante de los tanques se convirtió en el símbolo de la Restauración de la Independencia.

La oficina del Fiscal General abrió por entonces una investigación sobre los eventos del 13 de enero que todavía permanece abierta. No se ha cerrado, ya que Rusia, país de residencia de los organizadores y perpetradores de las acciones criminales que buscaron derrocar el Sóviet Supremo legalmente constituido y que culminaron con la pérdida de vidas humanas, se niega a cooperar con los órganos legales de Lituania. El 12 de enero de este año, la Comisión Europea instó a Moscú a cambiar de postura y cooperar en la búsqueda y castigo de los culpables de los actos criminales de 1991.

La historia enseña que la libertad es un bien que a menudo se paga con sangre. Lituania recuerda a aquellos que dieron sus vidas hace 18 años por la independencia del país y que no temieron al totalitario imperio soviético. En parte gracias a sus actos heróicos, el país que una vez sufriera la ocupación soviética durante 50 años, disfruta hoy de los derechos de pertenecer a la Unión Europea.

Vídeo: Metraje del documental Krustceļš (La encrucijada), rodado en enero de 1991. Las imágenes corresponden a la llegada de las tropas soviéticas a la torre de televisión de Vilnius (YouTube).

Entre la crisis y la cultura

El próximo año, la capital de Lituania y la ciudad austriaca de Linz ostentarán el título itinerante de Capital Europea de la Cultura. Esto coincide con la celebración de los mil años del nombre de Lituania, en alusión a la primera vez que esta palabra es mencionada en una de las crónicas europeas, en 1009. Han sido anunciadas varias actividades culturales a lo largo del año. Se esperan oleadas de turistas. Sin embargo, hay preocupación por la posibilidad de que la crisis económica y las medidas tomadas por el Gobierno para enfrentarla fuercen a cambios en el programa.

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La empresa pública “Vilnius, Capital Europea de la Cultura”, establecida para gestionar el proyecto, teme ver su presupuesto reducido a la mitad. Inicialmente, contaban con 105,38 millones de litas (unos 30,1 millones de euros) para los eventos rincipales entre 2008 y 2010. Pero el director de la organización, el ex alcalde de Vilnius Artūras Zuokas, ha informado de que la decisión del comité directivo de recortar el presupuesto para 2009 hata los ocho millones de litas (4,5 millones de euros) sin ningún tipo de consecuencia. Si el presupuesto vuelve a ser recortado, el comité amenaza con dimitir. Los representantes de la organización advierten de que recortando el presupuesto, Lituania puede estar dañándose a sí misma. Algunas fuentes avisan de que el presupuesto puede verse reducido en tres veces el año que viene.

“Vilnius, Capital Europea de la Cultura” ya había saltado a la luz a raíz de un escándalo previo. A principios de año, una auditoría del Ministerio de Cultura mostró que el organismo público tenía gastados 1,3 milones de litas sin justificar (370.000 euros).

El hecho de que Vilnius sea la Capital Europea de la Cultura tiene gran importancia para Lituania. Forma parte del proceso de “retorno del país al mapa de Europa”, tras largos años de ocupación soviética. Aparentemente, el éxito que Vilnius tenga no sólo afectará a su imagen, sino a la de todo el país. El asunto de qué parte del presupuesto será asignada está todavía sobre la mesa. De cualquier modo, la respuesta será dada en el futuro próximo. Literalmente, en unos días.


Imagen: Día de la Música en Vilnius, una de las actividades de 2008 proyectadas dentro de la capitalidad cultural de la ciudad (Kęstutis Vanagas)

El presidente del Parlamento hace confidencias a los estudiantes

Arūnas Valinskas, el presidente del Parlamento lituano, hizo un hueco en su agenda para encontrarse con algunos estudiantes y profesores del Instituto de Relaciones Internacionales y de Ciencia Política de la Universidad de Vilnius. 

El ejemplo del nuevo cabeza del Parlamento cruza todas las líneas de la teoría política, que determinan que la alta política se hace a través del “comité del partido”, apuntó el director del Instituto. Esto nos lleva a recordar que el ex representante de artistas Valinskas organizó su Partido de la Resurrección Nacional (PRN) apenas unos meses antes de las elecciones. Como nuevo poder político, tuvo éxito en poco tiempo y pasó a formar parte de la coalición gobernante. Podemos decir que el PRN desempeña un papel de argamasa entre las fuerzas de derecha que lograron el poder, fundamentalmente conservadores y liberales.

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Durante la charla, Valinskas destacó que su partido todavía se está constituyendo. Añadió que no descarta presentarse a las presidenciales el año que viene, aunque puntualizó que la decisión corresponde a la ejecutiva de su partido. “Les aseguro que si el partido decide presentar a alguien para la presidencia, querrá decir que se ha convertido en un auténtico poder político”.

La entrada en juego del PRN ha vivificado notablemente la vida política del país. Actualmente, el peso principal de la coalición gobernante lo llevan los conservadores, pero los intentos del PRN de incrementar su influencia política son notables. Como decíamos, el partido es un elemento de cohesión en la liga gobernante y esta situación le aporta algunas ventajas. Si la coalición no estuviera tan unida como aparenta en público y se rompiera en pedazos, el partido de Valinskas bien podría podría acercarse más a los partidos de izquierda y capitanear una nueva coalición. Y las probabilidades de que esto ocurra son bastante elevadas.

Imagen: El presidente del Parlamento lituano, Arūnas Valinskas (Viktor Denisenko)

Límites a los periodistas en el parlamento lituano

 

Los periodistas que trabajan en el parlamento lituano pueden encontrarse pronto con algunos problemas. El presidente de la Cámara, Arünas Valinskas, ha propuesto impedir que los periodistas entrevisten o saquen fotos en algunas zonas del edificio. Entre los lugares a prohibir están la cantina, el restaurante, las zonas para fumadores e incluso los baños del parlamento. La prensa destaca que Valinskas prometió durante la campaña electoral hacer del Parlamento un lugar más transparente.

El presidente de la Cámara sostiene su posición alegando el “bajo nivel cultural” de algunos periodistas que acosan a los diputados. Valinskas pone por delante su experiencia como tertuliano televisivo y showman y dice conocer bien los “trucos de periodista”. Recordemos que, inmediatamente después de su elección para presidir el más alto órgano legislativo, el político tuvo varios encontronazos con gente de la prensa. En uno de ellos, terminó insultándose en directo con el conocido periodista de la cadena LNK Rüta Grinevičiūtė.

Pronto, carteles con signos recordando la prohibición a los periodistas de trabajar en cada sala aparecerán en los lugares mencionados. La prensa ve esto como un intento de impedir su trabajo. El presidente de la Cámara ha hecho realidad el sueño de muchos diputados de convertir el Parlamento en una “zona a cubierto de la mirada de los periodistas”.

Valinskas considera que las restricciones no afectan a la información parlamentaria. Pero la prensa se ha tomado las medidas como el primer paso hacia restricciones más duras todavía para su trabajo. Señalan que los funcionarios públicos deberían estar preparados para despertar más curiosidad en los medios y no esperar una “vida tranquila”.

De cualquier modo, las prohibiciones y restricciones rara vez llevan a nada bueno. La libertad de prensa es uno de los pilares de las sociedades democráticas y las autoridades tienden a limitar esta libertad por temor al ojo público. Pongámoslo de esta manera: nadie ha hecho nunca reportajes desde los baños del Parlamento, pero, hace un par de años, unos periodistas descubrieron que algunos diputados tomaban bebidas alcohólicas en el restaurante del edificio en horas de trabajo. Es evidente que los diputados tratan de protegerse sin pensar cuan ilícito es este deseo.