La personalidad del dictador europeo a partir de su discurso del 17 de marzo

El 17 de marzo, Lukashenko dio un discurso tan colorido y tan característico que supone un material excelente para analizar su personalidad. Tras un periodo bastante largo de autocontrol para que no se le escapara ninguna estupidez durante el periodo de mejora de relaciones con la Unión Europea, no pudo resistir la tentación de volver a cultivar enemigos dentro y fuera del país. Esta vez cargó contra los demócratas bielorrusos, los políticos europeos e incluso contra algunos países de la UE.

Algunos analistas políticos deducen que Lukashenko está explorando los límites dentro de los cuales puede continuar con la normalización de las relaciones con la UE. Sí, está es una suposición coherente. Pero todo estaremos de acuerdo en que no era el momento adecuado para hacer este tipo de comentarios, ya que, en ese momento, Europa estaba  decidiendo si incluir a Bielorrusia en su política de asociación con Europa del Este. De modo que estos ataques verbales deben tomarse más bien como una descarga de ira irracional contra sus oponentes.

Fijémonos en las construcciones verbales de su discurso que muestran claramente su personalidad, su percepción del mundo y sus tendencias mentales.

A una pregunta sobre la suspensión de la prohibición de visados a altos funcionarios del régimen durante los próximos nueve meses, Lukashenko respondió: “Gracias, está bien. Pero este asunto no es ni sobre funcionarios ni sobre Lukashenko. Si los europeos creen que pueden atarnos a todos, gracias a las señales de sus agentes de hielo*, y zarandearnos y empujarnos todo el rato adelante; en esta situación, no podemos tener diálogo alguno”.

Las palabras acerca de los europeos que nos “zarandean y empujan todo el rato adelante” es son un ejemplo de la tendencia habitual de Lukashenko a retorcer los hechos  malinterpretándolos. Le gusta presentar los hechos como si naciones enteras u otras entidades pensaran día y noche en cómo hacerle daño y él, el héroe nacional apoyado por el 90% de la población (aunque, en realidad, escasamente la mitad), oponiéndose a los enemigos traicioneros.

“De hielo” es la traducción literal de una forma habitual que tiene de referirse a los demócratas y, en general, a cualquiera que se oponga a sus ideas o intenciones. Cualquier opositor es su enemigo personal. Lukashenko no tolera que cualquiera tengo una opinión propia distinta a la suya. En el argot ruso actual (no es una palabra normativa) una persona “de hielo” quiere decir cercano a un lobby o fideo.

La forma de referirse a sí mismo muestra también su tendencia a sobrevalorarse. Cuando es entrevistado o pronuncia discursos en público, suele referirse a sí como, por ejemplo, “Lukashenko prometió el año pasado” o “Lukashenko no permitirá que esto o aquello ocurra”. La siguiente frase del mismo discurso es un ejemplo más de autorreferencia: “Algunas figuras prominentes, que sacamos de la cárcel, chillan en público que hay necesidad de pedir a las autoridades, a Lukashenko, que aprieten más, que atormenten en este periodo de crisis”. Con el sarcástico “algunas figuras prominentes”, que él “sacó de la cárcel”, se refiere al ex candidato presidencial Alexander Kazulin. El profesor Kazulin, ex rector de la Universidad Estatal de Bielorrusia, fue acusado de vandalismo y encarcelado por cinco años y medio en un caso prefabricado. Fue liberado el 16 de agosto de 2008 tras larga presión ejercida por la UE y, sobre todo, por Estados Unidos, que incluía sanciones económicas contra empresas bielorrusas, controladas por Lukashenko.

Lukashenko mayestático


Según Lukashenko, “si Europa quiere cooperar con Bielorrusia a partir de los principios que acordamos con Solana, que quiere ver a Bielorrusia en la gran familia europea, estamos preparados para ello”.

Recordemos que la visita de Solana en febrero resultó demasiado complaciente. Solana llegó a decir que Bruselas no pone condición alguna para la normalización de las relaciones. Probablemente, como el viejo diplomático que es, no quiso asustar a nadie en una normalización incipiente. Pero Lukashenko lo interpretó como un triunfo de su política hacia la UE, concretada en la colaboración pragmática en las áreas del tránsito, inversión, inmigración, etc., pero sin referencia alguna a las libertades civiles o a los derechos humanos. Una postura flexible de Bruselas ha sido interpretada como una muestra de debilidad. En consecuencia, ha c omenzado a orientar el diálogo en sus propios términos. Esto también es bastante característico de él: presionar más y más tras concluir que el interlocutor es débil. No se puede hacer concesiones con él.

La oposición democrática bielorrusa, reunida con funcionarios de la UE, declaró la ausencia de progresos e el campo de la democracia y los derechos humanos en Bielorrusia y se opuso categóricamente a la inclusión de Bielorrusia en la agenda europea de asociación con Europa del Este y a la invitación al dictador a la Cumbre de la UE en Praga.

“Eso no es oposición, eso es una quinta columna, son los enemigos del pueblo bielorruso”, comentó sobre los demócratas. Esto es pura retórica soviética. El término “enemigo del pueblo”, junto al de “enemigo de los trabajadores”, “del proletariado” y “enemigo de clase” era corriente bajo el dominio blochevique cuando querían referirse a sus adversarios políticos reales o imaginados; a veces también a sus ex aliados. No olvidemos que Lukashenko emplea a menudo las palabras “pueblo bielorruso” y “yo” de manera intercambiable. Lo que Lukashenko percibe como bueno para él y su poder personal, siempre lo presenta como bueno para el pueblo bielorruso.

La conspiración permanente

“Tenemos una gran cantidad de información que debe permanecer clasificada. Si publicáramos todo sobre cómo trabaja la oposición en Bruselas, Estrasburgo, otras capitales europeas y en América, quedaríais horrorizadas”, añadió. Esta afirmación muestra su tendencia a manipular a los demás y a explicarlo todo en términos de teorías de la conspiración. Ha habido varios momentos en la historia bielorrusa desde 1994 en los que Lukashenko ha prometido en público, con el gesto sereno, demostrar con vídeos varios acontecimientos. Pero nunca ha sido así, bien por su inexistencia o bien porque los hechos que las grabaciones contenían mostraban que había mentido.

La tendencia a ver conspiraciones en todas partes es una característica mental propia suya. Acerca de la crisis económica actual llegó a describirla en términos que hacían pensar que EE.UU. se la había inventado a fin de dañarle personalmente a él.

“Próximamente, haremos públicos algunos documentos en los que se puede ver cómo escriben a los europeos, qué deben exigirle a Bielorrusia… El daño que pretenden hacerle a nuestro Estado es grande”. Estas promesas, que nunca se materializarán, hechas con voz potente y sinceridad en los ojos muestran su extraordinaria habilidad para mentir de forma creíble. Durante un debate de televisión (al comienzo de su presidencia, antes del golpe constitucional, ya que hoy en día es imposible el debate público), afirmó que se había criado con los poemas de Vasil Bykov. Bykov es un escritor bielorruso muy popular, nominado al Premio Nobel de Literatura en más de una ocasión. Podemos decir que cualquier ciudadano bielorruso con educación sabe que Bykov, famoso por sus novelas, no escribió nunca un sólo poema. Pero como Lukashenko insistió tanto en antena sobre la poesía de Bykov con tanta seguridad, la audiencia resultó más proclive a creerle a él que a su rival, que pareció dudar de sus propios conocimientos.

En la cita anterior también puede apreciarse que, con “Estado”, Lukashenko se refiere siempre sí mismo y a su poder.

“Una vez hubimos tratado de llegar a un acuerdo con los europeos y el proceso a ir en la dirección correcta, se volvieron histéricos (…) Por borrachera, o por asuntos de drogas, todo empezó a salirseles por las orejas, por todos los agujeros”.

Esta palabras son un indicativo del nivel cultural del auto proclamado presidente. La falta de respeto y el desprecio por las convenciones sociales son otra de sus características. Nunca admite haber tomado la decisión equivocada. Son frecuentes las ocasiones en las que acusa al Gobierno títere, al primer ministro títere, a la oposición o a agentes externos sus propias meteduras de pata.

Cuando Lukashenko improvisa algún discurso, este suele estar lleno de los elementos que acabamos de examinar. La verdad sea dicha, una parte considerable de los bielorrusos absorbe sus mentiras, insultos y manipulaciones letárgicamente.En el mundo de dicotomías entre amigos y enemigos, con una prensa cerrada, las mentiras fabulosas son tomadas como una verdad revelada largamente esperada.

*”Helado” (оТмороженный), completamente congelado en ruso. Tiene una fuerte connotación peyorativa referida a agentes o grupos de presión.


Imágenes: Alexander Lukashenko, presidente de Bielorrusia (arriba). Reunión con Javier Solana, responsable de la política exterior comunitaria, el pasado 19 de febrero (centro). El ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos estrecha la mano de Lukashenko durante su encuentro el pasado día 30 de marzo (Daylife).

Lituania quiere el Euro saltándose las reglas

eurolitViktor Denisenko (Vilnius)- Entrar en el Euro es un viejo sueño lituano. La prioridad de la meta no era discutible. Lo más cerca que estuvo Lituania de esto fue a finales de 2007, cuando cumplía todos los criterios de Maastrich excepto uno: la inflación superaba en un 01,% la norma establecida. Fue por esto que Lituania no entró en el Euro y Eslovaquia tuvo éxito.

Ahora, las perspectivas de entrada en la eurozona se alejan por un tiempo: las previsiones más optimistas apuntan que Lituania no volverá a cumplir los requisitos hasta 2010 o 2011 por lo menos. Claro, depende de cuánto dure la crisis financiera.

No hace mucho, los representantes de los países de la UE que no están en el euro comenzaron a discutir sobre las desigualdades entre viejos y nuevos miembros de cara a la creciente crisis. El primer minitro, Andrius Kubilius es partidario de entrar en el euro a pesar de Maastrich. Piensa que hacerlo permitiría a Lituania y a otros países evitar la devaluación de sus monedas. Bruselas, sin embargo, lo dejó muy claro y, a pesar de la declaración de solidaridad entre los países de la UE, la propuesta no será escuchada.

Lituania ha vivido en sus carnes la dureza de los criterios de convergencia más que ningún otro país. La toma de decisiones en la UE es estricta e inamovible. Los diplomáticos lituanos trataron de disuadir a Bruselas arguyendo que no entrar en el Euro por una décima de inflación era inconcebible. Pero los funcionarios europeos se mantuvieron firmes, como en el caso de la prolongación de la vida del reactor nuclear de Ignalina. Lituania tiene hasta fin de año para cerrarlo.

Parece que las clases dirigentes de Lituania y otros países vieron en la crisis una buena oportunidad para dar pena a los funcionarios europeos, pero el plan ha fracasado. Dura lex, sed lex (La ley es dura, mas es ley) describe perfectamente la situación. Queda claro que los nuevos miembros de la Unión no deberían esperar indulgencias ni por la crisis ni por ninguna otra circunstancia.

Imagen: Anverso del modelo de euro lituano (Wikipedia)

Se suicida una defensora de los Derechos Humanos bielorrusa

Una triste historia tuvo lugar en la víspera del Día Internacional de la Mujer. El 7 de marzo, la defensora de los Derechos Humanos Yana Poliakova, atormentada por los esfuerzo conjuntos del sistema judicial bielorruso, la policía, los cuerpos especiales y los medios de comunicación oficiales, se suicidó. Si un caso así hubiera tenido lugar en cualquier democracia europea, las primeras páginas de los mayores periódicos lo hubieran presentado desde varios ángulos. Sin embargo, en Bielorrusia, la noticia sólo ha circulado en el pequeño circuito de la prensa independiente.

Yana Poliakova era una mujer de 36 años que vivía en la pequeña localidad bielorrusa de Soligorst junto a su anciana madre. Trabajaba para la organización no registrada Asistencia Legal a la Ciudadanía (registrar una organización de ayuda legal en Bielorrusia es algo imposible. Y ser miembro de una organización no registrada es castigado por el Código Penal), colaboraba con otras organizaciones de Derechos Humanos y formaba parte del grupo de militantes por Olga Kazulina en las elecciones legislativas de 2008. Olga es hija de un conocido líder opositor bielorruso encarcelado tras las protestas contra las elecciones presidenciales fraudulentas de 2006.

poliakova2Cuatro días antes del suicidio, el juzgado del distrito de Soligorsk halló culpable a Poliakova de violación del artículo 400, apartado segundo, del Código Penal (falsificación intencionada de pruebas). Fue culpada de presentar pruebas falsas contra un policía y sentenciada a dos años y medio de libertad restringida cumpliendo la pena en una institución reformante. Sobre todo, fue condenada a pagar un millón de rublos (unos 240 euros) al policía Pugachiov como “compensación por el daño moral”.

En realidad, el agente Pugachiov y otros dos agentes de paisano sin uniforme la habían apaleado en septiembre de 2008, en la sede de la división local del ministerio del Interior. Poliakova se había negado a firmar unos papeles rehusando a coseguir firmas para Olga Kaulina.

Documentó las marcas de los golpes en su cuerpo y se dirigió a la oficina del Fiscal para que investigara al agente por excederse en sus atribuciones. Pero su petición fue rechazada a los diez días ¡Y en cuatro meses iniciaron un proceso criminal contra ella!

A pesar de que el personal médico que la atendió atestiguó que Yana presentaba señales de violencia, el tribunal sólo escuchó a los testigos del lado del policía (lo que resulta una práctica corriente en Bielorrusia cuando hay policías implicados. Otros policías declaran a su favor y el tribunal está siempre de su parte) y emitió una sentencia condenatoria para Yana. A pesar de los numerosos casos en los que la policía se excede en sus funciones, rara vez se inicia un proceso criminal contra agente alguno.

poliakova3Sin aceptar la decisión del tribunal, Poliakova se dirigía a presentar un queja a la oficina del Fiscal cuando fue atacada por unos desconocidos que la golpearon fuertemente y le hicieron una dura “advertencia” acerca de sus actividades. Después de recibir asistencia médica, se dirigió a la comisaría a presentar una denuncia por el ataque, pero también fue agredida en la comisaría. Además, el personal de emergencias colaboró con la Policía (algo frecuente en Bielorrusia: los sanitarios emiten el diagnóstico que les piden los agentes o niegan la presencia de heridas o pruebas de golpes).

Finalemente, dos días antes del suicidio, el mayor periódico oficial, llamado Bielorrusia Soviética, publicó un artículo sobre Poliakova. Plagado de mentiras y hechos tergiversados (lo cual es corriente en la prensa oficial, un órgano de propagando más que un medio de comunicación auténtico), el artículo, firmado con el pseudónimo Jenofonte Superfosfatovich, insultaba a Poliakova en particular y a todos los defensores de los Derechos Humanos en general. El autor es, probablemente, el propio director del periódico, Pavel Yukubovich, al que excita sobremanera redactar panfletos bajo mútiples pseudónimos en contra de miembros de la sociedad civil, demócratas o cuqluiera que se oponga a la dictadura.

Incitación al suicidio

Atormentada física y moralmente, la joven tomó la decisión de suicidarse. Unos activistas de Derechos Humanos han anunciado que posiblemente se inicien un proceso criminal bajo el artículo 145 (“incitar a alguien al suicidio”). Pero esperara que policías brutales, un juez que emite sentencias políticamente motivadas y el director del mayor diario oficial del régimen sean, no ya encontrados culpables, sino siquiera acusados sería abiertamente naïve.

Yana Poliakova no es la primera víctima de la represión que se suicida. Incluso ha habido un caso de inmolación en 1998, cuando el abogado y activista de Derechos Humanos Alexei Filipchenko se prendió fuego frente al tribunal del distrito de Novopolock en protesta por la sentencia emitida contra su viejo cliente y la tiranía del sistema legal bielorruso. Murió de sus heridas unos días más tarde. También se suicidan ocasionalmente los jóvenes activistas acosados por los servicios especiales, a causa de las amenazas e intimidaciones de que son objeto.

Los órganos judiciales no están bajo el control de la sociedad civil. Como el sistema judicial y la Fiscalía no son independientes, emiten sentencias políticas. Están fuertemente atados al poder ejecutivo. Los prisioneros políticos bielorrusos señalan que una parte considerable de la población reclusa del país, está en prisión por razones políticas. Por ejemplo, el ex preso político Pasiukevich, agredido por un agente al ser detenido, pero encarcelado por “pegar a un policía”, estima que los presos políticos llegan al 5%. Esto parece irreal, pero mientras la Unión Europea presiona a Lukashenko para que libere a algunas figuras políticas reconocidas, miles de personas, ciudadanos corrientes, son encarcelados por el sistema legal injusto que florece en este país.

Imágenes: Moretones y pruebas de las palizas recibidas en el cuerpo de Yana Poliakova

Contactos recientes entre Turquía y su ‘gran vecino del Norte’, Rusia

gul-medvedev

Antes de la caída de la URSS, las relaciones entre Turquía y la Rusia soviética fueron muy inestables, especialmente a comienzos del período de la Guerra Fría. A pesar de los intentos por mejorarlas, quedaron arrinconadas y sin desarrollar. Las relaciones entre ambos países permanecieron tibias a pesar del acercamiento ruso poco antes de la caída de la URSS. La animosidad de siglos entre ambos países, la Guerra de Chechenia en Rusia y la implicación práctica de Turquía en esta, así como las relaciones de Moscú con el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) impidieron el progreso.

Entrando ya en el siglo XXI, podemos decir que las relaciones entre ambos países han mejorado. La política exterior multidireccional de Vladimir Putin y las malas relaciones con los países vecinos del gobierno del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo, actualmente en el poder en Turquía) han acelerado las relaciones. Además de la cooperación económica, los eventos políticos en la región y en el mundo les han empujado a desarrollar la cooperación entre ambos países en campos clave como la seguridad, el transporte o la energía. Tal es así, que hace unas semanas, la revista económica rusa RBC abundaba en la necesidad de Moscú de buscar una alianza con Ankara. Si miramos también estadísticamente a las relaciones entre ambos países, vemos que Rusia es el segundo socio comercial de Turquía y que esta es el tercer mayor comprador de gas natural de Rusia en lo que va de año.

Asuntos como Chechenia o el PKK, que obstaculizaron las relaciones en los ’90, han pasado a tener una importancia secundaria a fin de mejorar las relaciones. Nuevamente, la sintonía política en cuanto a la presencia de la OTAN en el Mar Negro puede ser crucial en el desarrollo de las relaciones. Sin embargo, a pesar del mutuo interés y beneficio de ambos países, algunos asuntos, como la estrecha colaboración militar rusa con Armenia, la percepción turca de que Rusia no está dando los pasos adecuados en relación a Chipre y la presencia turca en proyectos energéticos (como el gasoducto europeo Nabucco) de los que Rusia desconfía, mantienen las relaciones entre ambos países por debajo de su potencial.

Sintonía en el Cáucaso

Recientemente, la visita del presidente de la República de Turquía, Abdulá Gül, la primera vez que un Presidente de Turquía ha visitado Rusia, ha tenido una gran importancia en la superación de los obstáculos a la mejora de las relaciones. Comercio, transporte y energía fueron discutidos a lo largo de esta visita. También lo ha sido la propuesta turca de pacificación del Cáucaso, la Plataforma de Paz y Estabilidad en el Cáucaso (PPEC).

El presidente ruso, Dimitri Medvedev, que afirmó que Rusia mantiene la misma postura que Turquía en cuanto a la estabilidad en el Mar Negro y el Cáucaso, encontró la PPEC aplicable y anunció su disposición a cooperar con Turquía en la materia. Por su lado, Gül anunció que ambos países tiene prácticamente los mismos puntos de vista en lso asuntos regionales e internacionales y que Turquía está dispuesta  a profundizar en su cooperación multidireccional con Rusia.

Si miramos a las relaciones entre Rusia y Turquía a la luz de estos eventos, podemos afirmar que ambos países han recorrido ya una buena parte del camino a la hora de recuperar la cooperación y el diálogo. Los eventos internacionales y regionales continúan acercando a Turquía y a su “gran vecino del Norte”.

Imagen: El presidente turco, Abdulá Gül (izquierda), estrecha la mano del predidente ruso, Dimitri Medvedev el pasado 13 de febrero en Moscú (Daylife).

Estado y soberanía popular en la Rusia moderna

El profesor Nicolás Mironov, vicedirector de la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional- Escuela Superior de Economía de Moscú, inicia hoy su colaboración con La mirada al Este. Mironov, experto en el sistema político ruso analizará regularmente las particularidades del sistema político en Rusia.


*     *     *

Correlaciones entre Estado y soberanía popular en la Rusia moderna

Centrémonos en los problemas surgidos de los últimos intentos de la elite rusa de formular la llamada Idea Nacional y una Ideología de Estado basada en ella que resulte capaz de convertirse en el programa del bloque dirigente. Esta búsqueda tiene como objetivo principal revivir la unidad ideológica de la Nación, desorientada tras el colapso de la Unión Soviética y las fuertes influencias venidas de fuera durante los años ’90. La sociedad rusa ha demostrado no estar preparada para vivir sin una ideología oficial. Los expertos comenzaron a desarrollar la idea de una programa nacional durante el segundo mandato presidencial de Vladimir Putin (2004-2008). Hoy, ya está delineada claramente.

Existen numerosas fuentes sobre el desarrollo de la ideología oficial (programas, actos y publicaciones). Entre ellos, figura la colección Democracia soberana, impresa antes de la campaña electoral de 2007-08. Este concepto, democracia soberana, ha pasado con éxito la prueba de ser programa electoral del partido dirigente- Rusia Unida-, cuya lista electoral estaba encabezada personalmente por el propio presidente Vladimir Putin.

El elemento principal del programa es la Soberanía. Las palabras clave de la nueva ideología son “Estado”, “Nacional”, “Pueblo”, “Influencia del exterior”, “Unidad” e “Integridad”. El uso de estas palabras de de varias formas y en distintas combinaciones es una de las manifestaciones de la nueva doctrina de la soberanía del Estado.

¿Pero qué quiere decir realmente Soberanía del Estado?

surkovmedvedev1- Independencia del Estado, libre de cualquier presión o injerencia ajena en asuntos externos e internos. Esto es, por ejemplo, de la presión de actores internos que actúen representando a fuerzas externas.

2- Rusia debería ser un centro independiente de poder e influir en su región. Un ejemplo positivo de centros de poder en otras regiones son EE.UU., la Unión Europea, China, Brasil, Sudáfrica e India.

El primer punto implica dos sentidos:

1.a) En primer lugar, es la encarnación de las ambiciones de Rusia conectadas con el deseo de supervisar la región; principalmente por razones de seguridad, pero no de expansión. Podemos decir que se trata de cierto tipo de reconquista*, la recuperación del control sobre territorios perdidos previamente. El objetivo de esto es afianzar las fronteras exteriores.

1.b) El segundo aspecto es esencialmente circunstancial y es una respuesta al presente inmediato. Se trata de la cuestión ideológica de oponerse a EE.UU. originada durante la Guerra Fría. Es decir: la disputa en torno a los conceptos de democracia y derechos humanos en la lucha política como herramientas de injerencia en los asuntos internos de otros estados.

I. La democracia soberana

Al poner sobre la mesa el concepto de democracia soberana, Rusia trata de demostrar su derecho a definir los conceptos de democracia y derechos humanos a la luz de sus características históricas y nacionales. La democracia, pero especialmente nuestra democracia, es la base de esta aproximación. El problema en cuestión guarda escasa relación con la democracia como concepto filosófico, político o legal. Rusia trata simplemente de mostrar que, con o sin la confianza ideológica de Occidente, es capaz de establecer por su cuenta su propia forma de responder a las realidades modernas.

La necesidad de autoidentificarse como estado democrático está conectada, aparentemente, con el siguiente paradigma: para que un Estado pueda declararse soberano, debe ser democrático. Eso significa que (1) representa legítimamente al pueblo y (2) se guía por ciertos valores universales; es decir, no representa una amenaza para la comunidad internacional y no es un agresor en potencia, una fuente de terrorismo, etc. Ser reconocido como un miembro de pleno derecho en la comunidad internacional de las democracias y ser reconocida en estos términos se está convirtiendo en un problema para el futuro de Rusia, lo que está conectado con su aspiración a resurgir como líder regional y mundial.

El segundo aspecto del concepto de soberanía, la independencia en los asuntos internos, tiene una ponderación más compleja. Se trata de la independencia del Estado para desarrollar su política interior en los límites de su territorio. Nadie tiene derecho a  interferir en esta política desde el exterior.

Sin embargo, ¿cómo se relaciona esta independencia con los derechos del pueblo que ocupa un territorio dado?

II. El Estado como fuente y meta de la soberanía

El análisis del concepto de la democracia soberana nos permite afirmar con seguridad que enfatiza el concepto de Estado. Así, es diseñado como una herramienta de fuerza o simplemente como fuerza. El Estado es, simultáneamente, sujeto (el actor de la soberanía) y objeto (la expresión de la soberanía). Este concepto de fuerza, que es idéntico al de autoridad (a la vez que su contrario), es un concepto clave. La población, los ciudadanos del país, son básicamente el objeto de la política interna del Estado.

Esta aproximación no es accidental. Tiene profundas raíces históricas. Las ideologías dominantes en Rusia durante varios periodos históricos han relacionado siempre los conceptos de Estado, Pueblo y Suelo. El Estado es igual al Pueblo**, que equivale al Suelo***. Este suelo forma un conjunto indisoluble y es objeto de cuidado y gestión por parte del Gobierno.

En Rusia, la idea de “pluralismo” no ha sido nunca reconocida. La división del conjunto suelo-pueblo se relaciona con disociación territorial, relajamiento del poder del Estado y, como consecuencia, amenaza de pérdida de la soberanía-independencia del Estado y, finalmente, un acercamiento al caos.

Por tanto, la unidad (integridad) es uno de los valores clave en Rusia. Esto, a cambio, excluye la posibilidad de división de la autoridad, la distribución de la autoridad parlamentaria (considerada desintegradora), el reconocimiento del derecho a la oposición, invertir en los derechos de territorios particulares, etc. Es en este conjunto donde es posible situar el origen del estado-pueblo o del estado-suelo. Este concepto debe ser distinguido del de estado-nación, ya que incorpora cierta “divinidad”, se trata de un “suelo sagrado”: el imperio.

La esencia del concepto queda recogida en el siguiente esquema: unidad e integridad significan soberanía, que equivale a independencia y fuerza. Combina la soberanía del Estado y del Pueblo en un concepto uniforme de soberanía estatal- la soberanía del suelo- ejercida por un Estado fuerte legítimo****.

III. La vertical de poder

Sin embargo, todavía debemos distinguir entre dos soberanías: la ideal y la mítica. La soberanía del suelo ruso (pueblo-suelo por un lado, y la real, la soberanía del Estado como instrumento de poder y las elites que lo han defendido a lo largo de distintos periodos (la nobleza primero, la burocracia soviética, nomenklatura, etc.).

Esto resulta evidente en un ejemplo acerca de la paridad de los valores ideológicos básicos en Rusia. Durante mucho tiempo, la ideología oficial rusa ha proclamado tres conceptos básicos: pueblo, fuerza (un Estado fuerte; en el pasado, autocracia) y religión (en el pasado, la Ortodoxa). Resulta que fuerza y pueblo son dos conceptos distintos: la fuerza es separada del pueblo y el pueblo no posee fuerza ¿A qué nos referimos? No es difícil ver que se trata de la autoridad, de la administración del Estado como instrumento de poder.

También resulta visible este concepto en la idea de construcción empleada por Vladimir Putin en Rusia al referirse a una “vertical de poder”: el sistema centralizado de autoridad administrativa (ejecutiva). El concepto de democracia soberana sirve de apoyo a esta verticalidad. El estado fuerte que menciona es un fin en si mismo.

“Democracia soberana significa: un Gobierno basado en la voluntad soberana del pueblo, y que es independiente de cualquier actor en sus asuntos internos y sus posturas internacionales”, escribe uno de los autores de la colección Democracia soberana. Como vemos, el pueblo, a pesar de la proclamación de su voluntad soberana es, en realidad, secundario; y el Gobierno, independiente: primario. Es también el fin y el medio hacia el estado soberano.

Es necesario señalar que, en Rusia, el pueblo sólo es considerado sujeto cuando existe la necesidad de legitimar una forma política, un tipo de Estado, una dinastía, etc. Dos tipos de entidad han sido legitimadas históricamente en Rusia de esta manera: la fundación de una forma de Estado o régimen (como la elección de la dinastía Romanov en el siglo XVII) y la autorización de algún movimiento político determinado.

Por regla general, no se trata de elecciones ni de la formación de un Gobierno nacional. Suele tratarse de cierta forma de asamblea (constituyente) o de un referendo-plebiscito-consulta empleada para obtener legitimidad. No hemos de olvidar que, en la historia de Rusia, este tipo de convocatorias han sido pocas.

En los períodos dados entre estos eventos (que llamaremos ciclos constituyentes), la autoridad en Rusia ha operado y opera de forma independiente. Para sondear la opinión pública, emplea formas indirectas: sondeos, el análisis de las quejas al Estado y, en las últimas dos décadas, elecciones. En estas, destaca el porcentaje de participación electoral como barómetro de la actividad o apatía política. Aunque los resultados de las elecciones en la Rusia moderna están programados con antelación, tienen cierto valor político, ya que muestran a las autoridades el sentir de la población.

Los valores parlamentarios en Rusia son, como norma, negados o rechazados. Los parlamentos han sido considerados una fuente de división, descentralización, promoción del pluralismo y, en consecuencia, polarización de la sociedad, lo que es considerado un fenómeno fatal para la fortaleza del Estado independiente. De modo que el Parlamento, en Rusia, ha de ser reemplazado con sustitutivos de representación nacional – representantes sin poder legislativo – y otra autoridad investida con el poder absoluto de la administración del Estado: la burocracia.

Por tanto, la soberanía popular es separada del Estado y sólo adquiere valor por sí misma en el momento determinante de un ciclo constituyente. Durante el resto del tiempo, es objeto de la acción del Estado, que se atribuye el nombre de “soberanía”.

¿Cual es el desafío para el Estado soberano? La modernización, expresada en dos ideas básicas: competitividad y defensibilidad. Resulta necesario un Estado fuerte para hacer frente a estos problemas. Esta no es una aproximación nueva, procede de los tiempos de Pedro el Grande, que puso a prueba el modelo autocrático con un proyecto de modernización. Los líderes soviéticos actuaron de la misma manera durante la industrialización de los años ’30.

Entonces como ahora, el Gobierno permitió y permite una participación muy controlada en el debate sobre el proceso de modernización, manteniendo la iniciativa completamente en sus manos.

Conclusiones principales

El concepto de soberanía del Estado (soberanía democrática) ha sido desarrollado a modo de base de la nueva ideología del Estado como justificación de:

Las reivindicaciones de Rusia para recuperar su posición de liderazgo en la región y en el mundo.

Las reivindicaciones del aparato del Estado – las elites y las administraciones que están detrás en la actualización de la soberanía del pueblo, pero al margen de su voluntad. En esencia, se trata de la búsqueda de fuentes adicionales de legitimidad del poder fuera del marco democrático habitual. La soberanía del Estado, considerada como una combinación de la soberanía nacional y la soberanía popular significa en realidad la sustitución de la soberanía popular por la soberanía de los grupos de personas al frente de la autoridad.

Además, el concepto de soberanía democrática no es original; emplea ideas políticas y legales del conservadurismo oficial ruso desarrolladas durante siglos.

La justificación del monopolio de la autoridad política por parte del Estado soberano,  ha sido declarada por el Gobierno proyecto de modernización, que asegura que aúna bienestar y fortalecimiento de la posición de Rusia en los asuntos internacionales. Así, la actitud de las autoridades hacia el pueblo sigue un patrón de paternalismo tradicional: la modernización se lleva a cabo en condiciones de restricción de la libre discusión de ideas y del pluralismo en la esfera política.

Traducción: Pablo Veyrat

Imagen: Vladislav Surkov (izquierda), creador del concepto de democracia soberana, asumido por el Kremlin como programa ideológico. A la derecha, el presidente ruso, Dimitri Medvedev (Daylife).


* En castellano en el original.

** El concepto de nación no se emplea en un país multinacional y con tendencia a la formación de imperios.

*** En el pasado, Rusia Sagrada, suelo materno; más tarde, Tierra Natal materna.

**** “La esencia de nuestra cultura es sentir el todo y no manipular los detalles; aunar y no dividir… [Estas  son  las raíces] de la ambición de alcanzar la unidad política a través de la centralización de las funciones del poder… El poder central fuerte aunó, controló y desarrolló un país inmenso, amplio tanto en tiempo como en espacio. Este poder ha realizado todos los cambios importantes” (Vladislav Surkov, junio de 2007). Esta aproximación es típica en los políticos e ideólogos rusos, comenzando con Iván el Terrible, Pedro el Grande y Catalina II.