Occidente, Rusia y el auge de China

Project Syndicate, la salvación de muchos periódicos a la hora de encontrar tribunas de prestigio, ofrece un artículo de Sergéi Karaganov, veterano diplomático y académico ruso, de gran lucidez en la descripción de muchos aspectos de la Rusia de hoy. Apunta a la divergencia de valores y al mal trato dado por Occidente a Rusia desde el desmantelamiento de la URSS como las razones principales para que Moscú esté optando por alinearse con China.

El alejamiento de la democracia (una forma suave de llamar a la “democracia soberana” de Surkov), el expansionismo de la OTAN en la “esfera de influencia” rusa que Kagaranov considera defendida en la guerra ruso-georgiana de 2008 y la dependencia energética europea (recordemos que Rusia es el principal suministrador de petróleo a España, según La Moncloa) terminarían por alejar irremediablemente a ambas potencias. Todo esto es cierto, pero no puedo estar de acuerdo en su enfoque al describir la decadencia de Occidente frente a China, que señala como otra razón para que Moscú apueste “por una civilización que va rápidamente en ascenso”.

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Los delirios polacos de grandeza


Hace unos días, uno de los mayores diarios polacos publicaba los resultados de una encuesta que afirmaban que Polonia es el país más poderoso de los nuevos miembros de la Unión Europea y el séptimo entre todos los miembros de la Unión. Como los últimos días en política han proporcionado muchísimos otros temas interesantes en Polonia (básicamente, noticias sobre el impago de las pensiones alimenticias a los hijos), la noticia no ha sido muy comentada. Sin embargo, puede haber otras razones.

En primer lugar, la fuente puede resultar dudosa. La encuesta fue pasada a 50 políticos en Bruselas y Varsovia por una empresa de relaciones públicas. No hay que ser un psicólogo experto para sospechar que los políticos polacos pueden tener una visión distinta de su propia importancia a la del resto de Europa. Otro problema es quiénes eran los políticos preguntados en Bruselas y el hecho de que, en tercer lugar, la perspectiva de los que trabajan en Bruselas, difiere a la de los funcionarios de otros países miembros.

Pero lo más interesante es, probablemente, la reacción de los lectores a los resultados. O más bien, la falta de reacción. Normalmente, la nación polaca está llena de complejos, y se siente constantemente subestimada, olvidada e ignorada. Desde luego, todo esto tiene su origen claramente en la historia polaca. Sin embargo, hay algunos aspectos en los que la nación polaca se siente bastante fuerte, sin importar los hechos.

Por ejemplo, la tradicional posición de “vínculo entre el Este y el Oeste”. Polonia se ve a sí misma como puente ente la civilizada, aunque acartonada, Europa Occidental (Alemania, Reino Unido y Francia, sobre todo) y la salvaje, aunque mucho más vital Europa del Este (queriendo decir Rusia). ¡Ah!, bueno, de vez en cuando, alguien trata de explicar que el Este y el Oeste ya pueden comunicarse sin nosotros, pero esa posibilidad es rápidamente descartada alegando que sólo los polacos tienen características de ambos lados, que, por tanto, les permiten entenderlos.Todas esas explicaciones olvidan el hecho crucial de que nuestros vecinos, tanto al Este como al Oeste también se perciben a sí mismos como “vínculos entre Oriente y Occidente”. Pero esta forma de entender el papel del país en Europa es exactamente la razón por la que ignoramos los resultados de la encuesta: no nos cuenta nada nuevo, sólo es apoyo científico a lo que ya sabemos.

Decir que Polonia es el miembro más poderoso de los nuevos países de la Unión es, para la mayoría de los polacos, como afirmar que el cielo es azul. Desde luego que, además de ser el país más grande, con una economía muy fuerte, no hay que olvidar nuestro papel en la derrota del Comunismo. Este tipo de aguijonazos para el orgullo nacional, como el hecho de que Eslovaquia, merced de la política de Vladimír Mečiar estuviera a la cola de los países del Centro y el Este europeos y hoy no sólo es miembro de la UE y la OTAN, sino que va a introducir el Euro el año que viene, mientras que en Polonia no hay una fecha clara para ello, son simplemente ignorados y explicados por el peso e la economía polaca; no olvidemos que son 40 millones de habitantes comparados con 5,5 millones…

La cuestión sobre la posición en el ránking europeo del poder es más delicada. Por un lado, Polonia es el sexto país de Europa en términos de población y tiene una economía dinámica y en crecimiento. Por otra parte, los 50 años de pertenencia al bloque soviético (lo que tuvo grandes consecuencias socio-económicas, como rechazar las ayudas del Plan Marshall para desarrollar un sistema económico altamente ineficaz) tienen mucho peso y nos sitúan bastante lejos de los países de la vieja Europa.

En cuanto a la política comunitaria, las posiciones polacas suelen carecer de cohesión, se fundan demasiado a menudo en el resentimiento y mucho más en los intereses de grupos marginales pero capaces de hacerse oír (bueno, esto último quizá nos acerca más a la normalidad). Este hecho se vio confirmado por los datos de la encuesta que daban a Polonia una reputación de país problemático y alborotador. A la luz de las más antiguas  tradiciones polacas en las que el disentimiento y el bandolerismo son vistos como un símbolo de libertad, esto resulta del agrado de al menos algunos políticos y parte de la sociedad polaca.

De este modo, podemos dormir tranquilos y seguros de nuestra visión del mundo, ignorando el hecho de que puede haber otros ¡Ah!, y por cierto: no somos el Este, sino el Centro de Europa.