El profesor Nicolás Mironov, vicedirector de la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional- Escuela Superior de Economía de Moscú, inicia hoy su colaboración con La mirada al Este. Mironov, experto en el sistema político ruso analizará regularmente las particularidades del sistema político en Rusia.
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Correlaciones entre Estado y soberanía popular en la Rusia moderna
Centrémonos en los problemas surgidos de los últimos intentos de la elite rusa de formular la llamada Idea Nacional y una Ideología de Estado basada en ella que resulte capaz de convertirse en el programa del bloque dirigente. Esta búsqueda tiene como objetivo principal revivir la unidad ideológica de la Nación, desorientada tras el colapso de la Unión Soviética y las fuertes influencias venidas de fuera durante los años ’90. La sociedad rusa ha demostrado no estar preparada para vivir sin una ideología oficial. Los expertos comenzaron a desarrollar la idea de una programa nacional durante el segundo mandato presidencial de Vladimir Putin (2004-2008). Hoy, ya está delineada claramente.
Existen numerosas fuentes sobre el desarrollo de la ideología oficial (programas, actos y publicaciones). Entre ellos, figura la colección Democracia soberana, impresa antes de la campaña electoral de 2007-08. Este concepto, democracia soberana, ha pasado con éxito la prueba de ser programa electoral del partido dirigente- Rusia Unida-, cuya lista electoral estaba encabezada personalmente por el propio presidente Vladimir Putin.
El elemento principal del programa es la Soberanía. Las palabras clave de la nueva ideología son “Estado”, “Nacional”, “Pueblo”, “Influencia del exterior”, “Unidad” e “Integridad”. El uso de estas palabras de de varias formas y en distintas combinaciones es una de las manifestaciones de la nueva doctrina de la soberanía del Estado.
¿Pero qué quiere decir realmente Soberanía del Estado?
1- Independencia del Estado, libre de cualquier presión o injerencia ajena en asuntos externos e internos. Esto es, por ejemplo, de la presión de actores internos que actúen representando a fuerzas externas.
2- Rusia debería ser un centro independiente de poder e influir en su región. Un ejemplo positivo de centros de poder en otras regiones son EE.UU., la Unión Europea, China, Brasil, Sudáfrica e India.
El primer punto implica dos sentidos:
1.a) En primer lugar, es la encarnación de las ambiciones de Rusia conectadas con el deseo de supervisar la región; principalmente por razones de seguridad, pero no de expansión. Podemos decir que se trata de cierto tipo de reconquista*, la recuperación del control sobre territorios perdidos previamente. El objetivo de esto es afianzar las fronteras exteriores.
1.b) El segundo aspecto es esencialmente circunstancial y es una respuesta al presente inmediato. Se trata de la cuestión ideológica de oponerse a EE.UU. originada durante la Guerra Fría. Es decir: la disputa en torno a los conceptos de democracia y derechos humanos en la lucha política como herramientas de injerencia en los asuntos internos de otros estados.
I. La democracia soberana
Al poner sobre la mesa el concepto de democracia soberana, Rusia trata de demostrar su derecho a definir los conceptos de democracia y derechos humanos a la luz de sus características históricas y nacionales. La democracia, pero especialmente nuestra democracia, es la base de esta aproximación. El problema en cuestión guarda escasa relación con la democracia como concepto filosófico, político o legal. Rusia trata simplemente de mostrar que, con o sin la confianza ideológica de Occidente, es capaz de establecer por su cuenta su propia forma de responder a las realidades modernas.
La necesidad de autoidentificarse como estado democrático está conectada, aparentemente, con el siguiente paradigma: para que un Estado pueda declararse soberano, debe ser democrático. Eso significa que (1) representa legítimamente al pueblo y (2) se guía por ciertos valores universales; es decir, no representa una amenaza para la comunidad internacional y no es un agresor en potencia, una fuente de terrorismo, etc. Ser reconocido como un miembro de pleno derecho en la comunidad internacional de las democracias y ser reconocida en estos términos se está convirtiendo en un problema para el futuro de Rusia, lo que está conectado con su aspiración a resurgir como líder regional y mundial.
El segundo aspecto del concepto de soberanía, la independencia en los asuntos internos, tiene una ponderación más compleja. Se trata de la independencia del Estado para desarrollar su política interior en los límites de su territorio. Nadie tiene derecho a interferir en esta política desde el exterior.
Sin embargo, ¿cómo se relaciona esta independencia con los derechos del pueblo que ocupa un territorio dado?
II. El Estado como fuente y meta de la soberanía
El análisis del concepto de la democracia soberana nos permite afirmar con seguridad que enfatiza el concepto de Estado. Así, es diseñado como una herramienta de fuerza o simplemente como fuerza. El Estado es, simultáneamente, sujeto (el actor de la soberanía) y objeto (la expresión de la soberanía). Este concepto de fuerza, que es idéntico al de autoridad (a la vez que su contrario), es un concepto clave. La población, los ciudadanos del país, son básicamente el objeto de la política interna del Estado.
Esta aproximación no es accidental. Tiene profundas raíces históricas. Las ideologías dominantes en Rusia durante varios periodos históricos han relacionado siempre los conceptos de Estado, Pueblo y Suelo. El Estado es igual al Pueblo**, que equivale al Suelo***. Este suelo forma un conjunto indisoluble y es objeto de cuidado y gestión por parte del Gobierno.
En Rusia, la idea de “pluralismo” no ha sido nunca reconocida. La división del conjunto suelo-pueblo se relaciona con disociación territorial, relajamiento del poder del Estado y, como consecuencia, amenaza de pérdida de la soberanía-independencia del Estado y, finalmente, un acercamiento al caos.
Por tanto, la unidad (integridad) es uno de los valores clave en Rusia. Esto, a cambio, excluye la posibilidad de división de la autoridad, la distribución de la autoridad parlamentaria (considerada desintegradora), el reconocimiento del derecho a la oposición, invertir en los derechos de territorios particulares, etc. Es en este conjunto donde es posible situar el origen del estado-pueblo o del estado-suelo. Este concepto debe ser distinguido del de estado-nación, ya que incorpora cierta “divinidad”, se trata de un “suelo sagrado”: el imperio.
La esencia del concepto queda recogida en el siguiente esquema: unidad e integridad significan soberanía, que equivale a independencia y fuerza. Combina la soberanía del Estado y del Pueblo en un concepto uniforme de soberanía estatal- la soberanía del suelo- ejercida por un Estado fuerte legítimo****.
III. La vertical de poder
Sin embargo, todavía debemos distinguir entre dos soberanías: la ideal y la mítica. La soberanía del suelo ruso (pueblo-suelo por un lado, y la real, la soberanía del Estado como instrumento de poder y las elites que lo han defendido a lo largo de distintos periodos (la nobleza primero, la burocracia soviética, nomenklatura, etc.).
Esto resulta evidente en un ejemplo acerca de la paridad de los valores ideológicos básicos en Rusia. Durante mucho tiempo, la ideología oficial rusa ha proclamado tres conceptos básicos: pueblo, fuerza (un Estado fuerte; en el pasado, autocracia) y religión (en el pasado, la Ortodoxa). Resulta que fuerza y pueblo son dos conceptos distintos: la fuerza es separada del pueblo y el pueblo no posee fuerza ¿A qué nos referimos? No es difícil ver que se trata de la autoridad, de la administración del Estado como instrumento de poder.
También resulta visible este concepto en la idea de construcción empleada por Vladimir Putin en Rusia al referirse a una “vertical de poder”: el sistema centralizado de autoridad administrativa (ejecutiva). El concepto de democracia soberana sirve de apoyo a esta verticalidad. El estado fuerte que menciona es un fin en si mismo.
“Democracia soberana significa: un Gobierno basado en la voluntad soberana del pueblo, y que es independiente de cualquier actor en sus asuntos internos y sus posturas internacionales”, escribe uno de los autores de la colección Democracia soberana. Como vemos, el pueblo, a pesar de la proclamación de su voluntad soberana es, en realidad, secundario; y el Gobierno, independiente: primario. Es también el fin y el medio hacia el estado soberano.
Es necesario señalar que, en Rusia, el pueblo sólo es considerado sujeto cuando existe la necesidad de legitimar una forma política, un tipo de Estado, una dinastía, etc. Dos tipos de entidad han sido legitimadas históricamente en Rusia de esta manera: la fundación de una forma de Estado o régimen (como la elección de la dinastía Romanov en el siglo XVII) y la autorización de algún movimiento político determinado.
Por regla general, no se trata de elecciones ni de la formación de un Gobierno nacional. Suele tratarse de cierta forma de asamblea (constituyente) o de un referendo-plebiscito-consulta empleada para obtener legitimidad. No hemos de olvidar que, en la historia de Rusia, este tipo de convocatorias han sido pocas.
En los períodos dados entre estos eventos (que llamaremos ciclos constituyentes), la autoridad en Rusia ha operado y opera de forma independiente. Para sondear la opinión pública, emplea formas indirectas: sondeos, el análisis de las quejas al Estado y, en las últimas dos décadas, elecciones. En estas, destaca el porcentaje de participación electoral como barómetro de la actividad o apatía política. Aunque los resultados de las elecciones en la Rusia moderna están programados con antelación, tienen cierto valor político, ya que muestran a las autoridades el sentir de la población.
Los valores parlamentarios en Rusia son, como norma, negados o rechazados. Los parlamentos han sido considerados una fuente de división, descentralización, promoción del pluralismo y, en consecuencia, polarización de la sociedad, lo que es considerado un fenómeno fatal para la fortaleza del Estado independiente. De modo que el Parlamento, en Rusia, ha de ser reemplazado con sustitutivos de representación nacional – representantes sin poder legislativo – y otra autoridad investida con el poder absoluto de la administración del Estado: la burocracia.
Por tanto, la soberanía popular es separada del Estado y sólo adquiere valor por sí misma en el momento determinante de un ciclo constituyente. Durante el resto del tiempo, es objeto de la acción del Estado, que se atribuye el nombre de “soberanía”.
¿Cual es el desafío para el Estado soberano? La modernización, expresada en dos ideas básicas: competitividad y defensibilidad. Resulta necesario un Estado fuerte para hacer frente a estos problemas. Esta no es una aproximación nueva, procede de los tiempos de Pedro el Grande, que puso a prueba el modelo autocrático con un proyecto de modernización. Los líderes soviéticos actuaron de la misma manera durante la industrialización de los años ’30.
Entonces como ahora, el Gobierno permitió y permite una participación muy controlada en el debate sobre el proceso de modernización, manteniendo la iniciativa completamente en sus manos.
Conclusiones principales
El concepto de soberanía del Estado (soberanía democrática) ha sido desarrollado a modo de base de la nueva ideología del Estado como justificación de:
Las reivindicaciones de Rusia para recuperar su posición de liderazgo en la región y en el mundo.
Las reivindicaciones del aparato del Estado – las elites y las administraciones que están detrás en la actualización de la soberanía del pueblo, pero al margen de su voluntad. En esencia, se trata de la búsqueda de fuentes adicionales de legitimidad del poder fuera del marco democrático habitual. La soberanía del Estado, considerada como una combinación de la soberanía nacional y la soberanía popular significa en realidad la sustitución de la soberanía popular por la soberanía de los grupos de personas al frente de la autoridad.
Además, el concepto de soberanía democrática no es original; emplea ideas políticas y legales del conservadurismo oficial ruso desarrolladas durante siglos.
La justificación del monopolio de la autoridad política por parte del Estado soberano, ha sido declarada por el Gobierno proyecto de modernización, que asegura que aúna bienestar y fortalecimiento de la posición de Rusia en los asuntos internacionales. Así, la actitud de las autoridades hacia el pueblo sigue un patrón de paternalismo tradicional: la modernización se lleva a cabo en condiciones de restricción de la libre discusión de ideas y del pluralismo en la esfera política.
Traducción: Pablo Veyrat
Imagen: Vladislav Surkov (izquierda), creador del concepto de democracia soberana, asumido por el Kremlin como programa ideológico. A la derecha, el presidente ruso, Dimitri Medvedev (Daylife).
* En castellano en el original.
** El concepto de nación no se emplea en un país multinacional y con tendencia a la formación de imperios.
*** En el pasado, Rusia Sagrada, suelo materno; más tarde, Tierra Natal materna.
**** “La esencia de nuestra cultura es sentir el todo y no manipular los detalles; aunar y no dividir… [Estas son las raíces] de la ambición de alcanzar la unidad política a través de la centralización de las funciones del poder… El poder central fuerte aunó, controló y desarrolló un país inmenso, amplio tanto en tiempo como en espacio. Este poder ha realizado todos los cambios importantes” (Vladislav Surkov, junio de 2007). Esta aproximación es típica en los políticos e ideólogos rusos, comenzando con Iván el Terrible, Pedro el Grande y Catalina II.