La política exterior lituana: del romanticismo al pragmatismo

Viktor Denisenko (Vilnius)- El pasado 9 de diciembre, el ministro de Asuntos Exteriores, Vygaudas Ušackas tuvo un encuentro con estudiantes, profesores y personal del Instituto de Relaciones Exteriores de la Universidad de Vilnius. Durante el encuentro, se discutió la estrategia en política exterior de Lituania, qué hacíamos y qué seguimos haciendo.

Ušackas, que lleva ya un año como ministro de Exteriores, destacó la continuidad de la política exterior lituana. De hecho, las líneas generales de nuestra acción exterior han sido las mismas desde la Restauración de la Independencia en 1990. Puede ser descrita como claramente orientada a Occidente y, a veces, un tanto más proestadounidense que proeuropea. La asistencia al desarrollo de la democracia en otros países post-soviéticos, básicamente Ucrania y Georgia, también ha de ser mencionada.

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La visita de Berlusconi a Bielorrusia

Aleg Pershanka (Minsk)- La llegada del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, a Minsk el pasado 30 de noviembre se convirtió en la primera visita de un jefe de Estado desde que Lukashenko llegó al poder. Berlusconi rompe así el aislamiento internacional de Bielorrusia, impuesto en la última década como resultado de la violación de Derechos Humanos y la opresión de las libertades democráticas.

Oficialmente, la visita de Berlusconi es un mero tributo al protocolo diplomático, la devolución de la visita de Lukashenko a Italia. En abril, y con su hijo extramatrimonial de seis años, Lukashenko se reunió con el Papa en el Vaticano y cenó con Berlusconi. De cualquier modo, hay uan serie de motivos más allá de la cortesía diplomáticas detrás de esta visita.

Ninguno de los dos reparó en elogios al otro en Minsk. Los bielorrusos “te adoran,  lo que es evidente a la vista de tus resultados electorales”, le dijo Berlusconi al dictador, conocido por su manipulación de los resultados electorales (razón por la que la Unión Europea impuso sanciones el año pasado). “Un hombre de política global, planetaria, eso es lo que es nuestro amigo”, aduló Lukashenko al primer ministro italiano, hundido en escándalos sexuales en casa y enfrentándose a acusaciones de tener vínculos con la mafia.

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Tardía visita a Bruselas de Milinkievitch

Milinkievitch2Aleg Pershanka (Bruselas)- La visita del líder de la oposición bielorrusa, Alexander Milinkievitch, al Parlamento Europeo la semana pasada pasó casi por completo desapercibida. Tanto para los políticos y diputados europeos como para la prensa. Milinkievitch viajó acompañado de otros cinco políticos bielorrusos: dos representantes de su Movimiento por la Libertad y otros tres de otros partidos de la oposición que apoyan al Alianza por la Independencia de Bielorrusa, la nueva plataforma política en la que ha unificado ocho partidos y movimientos de oposición.

El motivo de su viaje a Bruselas era, de hecho, presentar los resultados del primer congreso de la Alianza en el Foro Bielorruso Europeo. El nuevo partido busca una Bielorrusia europea. Sus partidarios consideran que existe una amenaza real de que el país sea absorbido por Rusia, por lo que urge una integración más profunda en Europa.

Milinkievitch se reunió con el presidente del Parlamento Europeo, Erzy Buzek y con eurodiputados de varias formaciones políticas, así como con miembros de la delegación encargada de las relaciones con Bielorrusia. No fueron muchos los diputados que asistieron a la reunión y más todavía los miembros de la delegación que ignoraron la visita. La apretada agenda de la Eurocámara y las demás instituciones parlamentarias puede explicar en parte que ocurriera esto.

De cualquier modo, Milinkievitch y su equipo no lograron persuadir a los socialistas europeos para que apoyaran un nuevo borrador de resolución para Bielorrusia. Al poco de la partida del líder opositor, la votación sobre una nueva resolución para el país fue excluida del programa de votaciones de la semana.

La visita coincidió con el momento en que el Consejo de Europa se pronunciaba sobre las sanciones impuestas al presidente Alexander Lukashenko y otros 35 altos cargos bielorrusos. La prohibición de entrar en los países de la Unión impuesta poco después de las elecciones legislativas de 2008 fue suspendida un mes después de entrar en vigor. Pero, a cambio, establecieron cinco condiciones para el gobierno bielorruso: acabar con los presos políticos, libertad de prensa, libertad de asociación y reunión con fines políticos, reforma de la ley electoral y libertad de acción para las ONGs. Los funcionarios añadieron a finales de 2008 que volverían a evaluar los progresos antes de tomar cualquier otra decisión respecto a Bielorrusia. Un año después, los expertos han constatado unánimemente la falta de progreso significativo en cualquiera de estas cinco esferas. Sin embargo, el Consejo de Europa ha tomado una decisión curiosa: ha prolongado las sanciones y, al mismo tiempo las ha suspendido.

El mal menor

Varios expertos consideran que la decisión no es tan mala. Si las sanciones volvieran a entrar en vigor, esto enfurecería probablemente a Lukashenko, llevándole a paralizar cualquier aproximación gradual a Occidente y a entregarse a los brazos de Rusia. Milinkievitch es de la misma opinión. Más todavía, durante su visita al Parlamento Europeo, pidió apoyo financiero para Bielorrusia (es decir, incluyendo al régimen político), a la vez que se dirigió al gobierno bielorruso pidiéndole reformas en el país.

Existe la opinión en Bielorrusia de que Milinkievitch está jugando un papel de facilitador entre Lukashenko y Occidente. Pero no es así: simplemente es débil políticamente y actúa con retraso.

No hace todavía un año que la nueva estrategia de la UE para Bielorrusia se hizo evidente. Europa sabía que el gobierno controlaba perfectamente la situación en Bielorrusia, pero la agresión rusa a Georgia precipitó la nueva aproximación. La UE se ha dado cuenta de que el cambio político a corto plazo es bastante improbable en Bielorrusia y ha decidido cooperar directamente con el gobierno bielorruso. La idea de perder el control sobre el país merced al fuerte crecimiento de la influencia política y económica de Rusia no le hacía ninguna gracia al autoritario líder bielorruso, que adora el poder más que cualquier otra cosa. Es por ello que Lukashenlo ha optado por salirse de la esfera de influencia rusa y hacer concesiones propicias para el diálogo con la UE.

Pero ha pasado un año y sólo ahora Milinkievitch y sus partidarios se reúnen con el Foro Bielorruso Europeo para darse cuenta de que a la UE le importa bastante poco su opinión sobre las relaciones con Bielorrusia y que no tiene más opción que aceptar el nuevo enfoque europeo.

Imagen: El líder opositor bielorruso, Alexander Milinkievitch (Internacional Liberal)

Vilnius toma cautela

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Las consecuencias de los desórdenes que tuvieron lugar el 16 de enero en Vilnius todavía se hacen sentir en la vida política y pública lituana. Hace poco, ha trascendido que el Gobierno local de Vilnius trata de circunscribir los permisos para acciones de protesta a sólo los casos en que los organizadores garanticen que el número de manifestantes no superará los 300. Si no es así, no se emitirá el permiso.

Los estudiantes que tenían planeado protestar contra la reforma de la educación superior se han enfrentado a esta medida. El grupo civil “Por una educación superior accesible y de calidad en Lituania” no obtuvo permiso para manifestarse frente al Parlamento por no haber dado al Gobierno local garantías de que no acudirían más de 300 personas. Así, montaron un piquete de 10 personas (que no requiere permiso). Miembros del grupo se plantaron frente al Parlamento con la boca tapada en protesta por las nuevas limitaciones  a la protesta.

En una nota de prensa, el grupo estudiantil consideraba absurdas las razones por las que no habían obtenido el permiso. Acusan al Gobierno de “violar la norma que salvaguarda el derecho a las reuniones de masas estipulado la Constitución”. No van a renunciar y esperan ver aprobada su manifestación el 1 de abril. Miembros de la campaña consideran inaceptable la restricción al numero de participantes. Hay que señalar que la población estudiantil supera los 200.000 individuos en Lituania, que alberga a unos tres millones de habitantes, y que la mitad de ellos estudia en la capital.

Hay razones muy claras para entender la preocupación del Gobierno local. Los estudiantes representan un amplio sector socialmente activo de la población proclive a echarse a la calle. En un momento de descontento generalizado, cualquier protesta puede llevar al desorden civil. La reforma de la enseñanza superior preocupa a los estudiantes y es criticada por varios académicos. De modo que hay motivos para dudar de la tranquilidad de la protesta.

Medida inconstitucional

Sin embargo,tratar de prohibir la protesta o restringirla con condiciones imposibles no es la mejor estrategia. El intento de no exponerse del Gobierno local vulnera efectivamente el derecho constitucional a “reunirse desarmados en concentraciones pacíficas” (artículo 36 de la Constitución de la República de Lituania). El Gobierno local se escuda en que trata de mantener el orden público (elemento señalado en el mismo artículo constitucional). Aún así, no parece una excusa perfecta.

De cualquier manera, los intentos de restringir el número de participantes en las acciones de protesta resultan preocupantes, ya que pueden ser el primer paso hacia restricciones más amplias de derechos civiles y libertades. Esperamos que el “espíritu de la democracia” triunfe, teniendo en cuenta que todos los políticos lituanos más relevantes afirman sus intenciones democráticas, incluidos los del Gobierno local de Vilnius.

Imagen: Vista del Seimas, el parlamento lituano, en Vilnius (Metro Vilnius)

Contactos recientes entre Turquía y su ‘gran vecino del Norte’, Rusia

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Antes de la caída de la URSS, las relaciones entre Turquía y la Rusia soviética fueron muy inestables, especialmente a comienzos del período de la Guerra Fría. A pesar de los intentos por mejorarlas, quedaron arrinconadas y sin desarrollar. Las relaciones entre ambos países permanecieron tibias a pesar del acercamiento ruso poco antes de la caída de la URSS. La animosidad de siglos entre ambos países, la Guerra de Chechenia en Rusia y la implicación práctica de Turquía en esta, así como las relaciones de Moscú con el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) impidieron el progreso.

Entrando ya en el siglo XXI, podemos decir que las relaciones entre ambos países han mejorado. La política exterior multidireccional de Vladimir Putin y las malas relaciones con los países vecinos del gobierno del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo, actualmente en el poder en Turquía) han acelerado las relaciones. Además de la cooperación económica, los eventos políticos en la región y en el mundo les han empujado a desarrollar la cooperación entre ambos países en campos clave como la seguridad, el transporte o la energía. Tal es así, que hace unas semanas, la revista económica rusa RBC abundaba en la necesidad de Moscú de buscar una alianza con Ankara. Si miramos también estadísticamente a las relaciones entre ambos países, vemos que Rusia es el segundo socio comercial de Turquía y que esta es el tercer mayor comprador de gas natural de Rusia en lo que va de año.

Asuntos como Chechenia o el PKK, que obstaculizaron las relaciones en los ’90, han pasado a tener una importancia secundaria a fin de mejorar las relaciones. Nuevamente, la sintonía política en cuanto a la presencia de la OTAN en el Mar Negro puede ser crucial en el desarrollo de las relaciones. Sin embargo, a pesar del mutuo interés y beneficio de ambos países, algunos asuntos, como la estrecha colaboración militar rusa con Armenia, la percepción turca de que Rusia no está dando los pasos adecuados en relación a Chipre y la presencia turca en proyectos energéticos (como el gasoducto europeo Nabucco) de los que Rusia desconfía, mantienen las relaciones entre ambos países por debajo de su potencial.

Sintonía en el Cáucaso

Recientemente, la visita del presidente de la República de Turquía, Abdulá Gül, la primera vez que un Presidente de Turquía ha visitado Rusia, ha tenido una gran importancia en la superación de los obstáculos a la mejora de las relaciones. Comercio, transporte y energía fueron discutidos a lo largo de esta visita. También lo ha sido la propuesta turca de pacificación del Cáucaso, la Plataforma de Paz y Estabilidad en el Cáucaso (PPEC).

El presidente ruso, Dimitri Medvedev, que afirmó que Rusia mantiene la misma postura que Turquía en cuanto a la estabilidad en el Mar Negro y el Cáucaso, encontró la PPEC aplicable y anunció su disposición a cooperar con Turquía en la materia. Por su lado, Gül anunció que ambos países tiene prácticamente los mismos puntos de vista en lso asuntos regionales e internacionales y que Turquía está dispuesta  a profundizar en su cooperación multidireccional con Rusia.

Si miramos a las relaciones entre Rusia y Turquía a la luz de estos eventos, podemos afirmar que ambos países han recorrido ya una buena parte del camino a la hora de recuperar la cooperación y el diálogo. Los eventos internacionales y regionales continúan acercando a Turquía y a su “gran vecino del Norte”.

Imagen: El presidente turco, Abdulá Gül (izquierda), estrecha la mano del predidente ruso, Dimitri Medvedev el pasado 13 de febrero en Moscú (Daylife).

Estado y soberanía popular en la Rusia moderna

El profesor Nicolás Mironov, vicedirector de la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional- Escuela Superior de Economía de Moscú, inicia hoy su colaboración con La mirada al Este. Mironov, experto en el sistema político ruso analizará regularmente las particularidades del sistema político en Rusia.


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Correlaciones entre Estado y soberanía popular en la Rusia moderna

Centrémonos en los problemas surgidos de los últimos intentos de la elite rusa de formular la llamada Idea Nacional y una Ideología de Estado basada en ella que resulte capaz de convertirse en el programa del bloque dirigente. Esta búsqueda tiene como objetivo principal revivir la unidad ideológica de la Nación, desorientada tras el colapso de la Unión Soviética y las fuertes influencias venidas de fuera durante los años ’90. La sociedad rusa ha demostrado no estar preparada para vivir sin una ideología oficial. Los expertos comenzaron a desarrollar la idea de una programa nacional durante el segundo mandato presidencial de Vladimir Putin (2004-2008). Hoy, ya está delineada claramente.

Existen numerosas fuentes sobre el desarrollo de la ideología oficial (programas, actos y publicaciones). Entre ellos, figura la colección Democracia soberana, impresa antes de la campaña electoral de 2007-08. Este concepto, democracia soberana, ha pasado con éxito la prueba de ser programa electoral del partido dirigente- Rusia Unida-, cuya lista electoral estaba encabezada personalmente por el propio presidente Vladimir Putin.

El elemento principal del programa es la Soberanía. Las palabras clave de la nueva ideología son “Estado”, “Nacional”, “Pueblo”, “Influencia del exterior”, “Unidad” e “Integridad”. El uso de estas palabras de de varias formas y en distintas combinaciones es una de las manifestaciones de la nueva doctrina de la soberanía del Estado.

¿Pero qué quiere decir realmente Soberanía del Estado?

surkovmedvedev1- Independencia del Estado, libre de cualquier presión o injerencia ajena en asuntos externos e internos. Esto es, por ejemplo, de la presión de actores internos que actúen representando a fuerzas externas.

2- Rusia debería ser un centro independiente de poder e influir en su región. Un ejemplo positivo de centros de poder en otras regiones son EE.UU., la Unión Europea, China, Brasil, Sudáfrica e India.

El primer punto implica dos sentidos:

1.a) En primer lugar, es la encarnación de las ambiciones de Rusia conectadas con el deseo de supervisar la región; principalmente por razones de seguridad, pero no de expansión. Podemos decir que se trata de cierto tipo de reconquista*, la recuperación del control sobre territorios perdidos previamente. El objetivo de esto es afianzar las fronteras exteriores.

1.b) El segundo aspecto es esencialmente circunstancial y es una respuesta al presente inmediato. Se trata de la cuestión ideológica de oponerse a EE.UU. originada durante la Guerra Fría. Es decir: la disputa en torno a los conceptos de democracia y derechos humanos en la lucha política como herramientas de injerencia en los asuntos internos de otros estados.

I. La democracia soberana

Al poner sobre la mesa el concepto de democracia soberana, Rusia trata de demostrar su derecho a definir los conceptos de democracia y derechos humanos a la luz de sus características históricas y nacionales. La democracia, pero especialmente nuestra democracia, es la base de esta aproximación. El problema en cuestión guarda escasa relación con la democracia como concepto filosófico, político o legal. Rusia trata simplemente de mostrar que, con o sin la confianza ideológica de Occidente, es capaz de establecer por su cuenta su propia forma de responder a las realidades modernas.

La necesidad de autoidentificarse como estado democrático está conectada, aparentemente, con el siguiente paradigma: para que un Estado pueda declararse soberano, debe ser democrático. Eso significa que (1) representa legítimamente al pueblo y (2) se guía por ciertos valores universales; es decir, no representa una amenaza para la comunidad internacional y no es un agresor en potencia, una fuente de terrorismo, etc. Ser reconocido como un miembro de pleno derecho en la comunidad internacional de las democracias y ser reconocida en estos términos se está convirtiendo en un problema para el futuro de Rusia, lo que está conectado con su aspiración a resurgir como líder regional y mundial.

El segundo aspecto del concepto de soberanía, la independencia en los asuntos internos, tiene una ponderación más compleja. Se trata de la independencia del Estado para desarrollar su política interior en los límites de su territorio. Nadie tiene derecho a  interferir en esta política desde el exterior.

Sin embargo, ¿cómo se relaciona esta independencia con los derechos del pueblo que ocupa un territorio dado?

II. El Estado como fuente y meta de la soberanía

El análisis del concepto de la democracia soberana nos permite afirmar con seguridad que enfatiza el concepto de Estado. Así, es diseñado como una herramienta de fuerza o simplemente como fuerza. El Estado es, simultáneamente, sujeto (el actor de la soberanía) y objeto (la expresión de la soberanía). Este concepto de fuerza, que es idéntico al de autoridad (a la vez que su contrario), es un concepto clave. La población, los ciudadanos del país, son básicamente el objeto de la política interna del Estado.

Esta aproximación no es accidental. Tiene profundas raíces históricas. Las ideologías dominantes en Rusia durante varios periodos históricos han relacionado siempre los conceptos de Estado, Pueblo y Suelo. El Estado es igual al Pueblo**, que equivale al Suelo***. Este suelo forma un conjunto indisoluble y es objeto de cuidado y gestión por parte del Gobierno.

En Rusia, la idea de “pluralismo” no ha sido nunca reconocida. La división del conjunto suelo-pueblo se relaciona con disociación territorial, relajamiento del poder del Estado y, como consecuencia, amenaza de pérdida de la soberanía-independencia del Estado y, finalmente, un acercamiento al caos.

Por tanto, la unidad (integridad) es uno de los valores clave en Rusia. Esto, a cambio, excluye la posibilidad de división de la autoridad, la distribución de la autoridad parlamentaria (considerada desintegradora), el reconocimiento del derecho a la oposición, invertir en los derechos de territorios particulares, etc. Es en este conjunto donde es posible situar el origen del estado-pueblo o del estado-suelo. Este concepto debe ser distinguido del de estado-nación, ya que incorpora cierta “divinidad”, se trata de un “suelo sagrado”: el imperio.

La esencia del concepto queda recogida en el siguiente esquema: unidad e integridad significan soberanía, que equivale a independencia y fuerza. Combina la soberanía del Estado y del Pueblo en un concepto uniforme de soberanía estatal- la soberanía del suelo- ejercida por un Estado fuerte legítimo****.

III. La vertical de poder

Sin embargo, todavía debemos distinguir entre dos soberanías: la ideal y la mítica. La soberanía del suelo ruso (pueblo-suelo por un lado, y la real, la soberanía del Estado como instrumento de poder y las elites que lo han defendido a lo largo de distintos periodos (la nobleza primero, la burocracia soviética, nomenklatura, etc.).

Esto resulta evidente en un ejemplo acerca de la paridad de los valores ideológicos básicos en Rusia. Durante mucho tiempo, la ideología oficial rusa ha proclamado tres conceptos básicos: pueblo, fuerza (un Estado fuerte; en el pasado, autocracia) y religión (en el pasado, la Ortodoxa). Resulta que fuerza y pueblo son dos conceptos distintos: la fuerza es separada del pueblo y el pueblo no posee fuerza ¿A qué nos referimos? No es difícil ver que se trata de la autoridad, de la administración del Estado como instrumento de poder.

También resulta visible este concepto en la idea de construcción empleada por Vladimir Putin en Rusia al referirse a una “vertical de poder”: el sistema centralizado de autoridad administrativa (ejecutiva). El concepto de democracia soberana sirve de apoyo a esta verticalidad. El estado fuerte que menciona es un fin en si mismo.

“Democracia soberana significa: un Gobierno basado en la voluntad soberana del pueblo, y que es independiente de cualquier actor en sus asuntos internos y sus posturas internacionales”, escribe uno de los autores de la colección Democracia soberana. Como vemos, el pueblo, a pesar de la proclamación de su voluntad soberana es, en realidad, secundario; y el Gobierno, independiente: primario. Es también el fin y el medio hacia el estado soberano.

Es necesario señalar que, en Rusia, el pueblo sólo es considerado sujeto cuando existe la necesidad de legitimar una forma política, un tipo de Estado, una dinastía, etc. Dos tipos de entidad han sido legitimadas históricamente en Rusia de esta manera: la fundación de una forma de Estado o régimen (como la elección de la dinastía Romanov en el siglo XVII) y la autorización de algún movimiento político determinado.

Por regla general, no se trata de elecciones ni de la formación de un Gobierno nacional. Suele tratarse de cierta forma de asamblea (constituyente) o de un referendo-plebiscito-consulta empleada para obtener legitimidad. No hemos de olvidar que, en la historia de Rusia, este tipo de convocatorias han sido pocas.

En los períodos dados entre estos eventos (que llamaremos ciclos constituyentes), la autoridad en Rusia ha operado y opera de forma independiente. Para sondear la opinión pública, emplea formas indirectas: sondeos, el análisis de las quejas al Estado y, en las últimas dos décadas, elecciones. En estas, destaca el porcentaje de participación electoral como barómetro de la actividad o apatía política. Aunque los resultados de las elecciones en la Rusia moderna están programados con antelación, tienen cierto valor político, ya que muestran a las autoridades el sentir de la población.

Los valores parlamentarios en Rusia son, como norma, negados o rechazados. Los parlamentos han sido considerados una fuente de división, descentralización, promoción del pluralismo y, en consecuencia, polarización de la sociedad, lo que es considerado un fenómeno fatal para la fortaleza del Estado independiente. De modo que el Parlamento, en Rusia, ha de ser reemplazado con sustitutivos de representación nacional – representantes sin poder legislativo – y otra autoridad investida con el poder absoluto de la administración del Estado: la burocracia.

Por tanto, la soberanía popular es separada del Estado y sólo adquiere valor por sí misma en el momento determinante de un ciclo constituyente. Durante el resto del tiempo, es objeto de la acción del Estado, que se atribuye el nombre de “soberanía”.

¿Cual es el desafío para el Estado soberano? La modernización, expresada en dos ideas básicas: competitividad y defensibilidad. Resulta necesario un Estado fuerte para hacer frente a estos problemas. Esta no es una aproximación nueva, procede de los tiempos de Pedro el Grande, que puso a prueba el modelo autocrático con un proyecto de modernización. Los líderes soviéticos actuaron de la misma manera durante la industrialización de los años ’30.

Entonces como ahora, el Gobierno permitió y permite una participación muy controlada en el debate sobre el proceso de modernización, manteniendo la iniciativa completamente en sus manos.

Conclusiones principales

El concepto de soberanía del Estado (soberanía democrática) ha sido desarrollado a modo de base de la nueva ideología del Estado como justificación de:

Las reivindicaciones de Rusia para recuperar su posición de liderazgo en la región y en el mundo.

Las reivindicaciones del aparato del Estado – las elites y las administraciones que están detrás en la actualización de la soberanía del pueblo, pero al margen de su voluntad. En esencia, se trata de la búsqueda de fuentes adicionales de legitimidad del poder fuera del marco democrático habitual. La soberanía del Estado, considerada como una combinación de la soberanía nacional y la soberanía popular significa en realidad la sustitución de la soberanía popular por la soberanía de los grupos de personas al frente de la autoridad.

Además, el concepto de soberanía democrática no es original; emplea ideas políticas y legales del conservadurismo oficial ruso desarrolladas durante siglos.

La justificación del monopolio de la autoridad política por parte del Estado soberano,  ha sido declarada por el Gobierno proyecto de modernización, que asegura que aúna bienestar y fortalecimiento de la posición de Rusia en los asuntos internacionales. Así, la actitud de las autoridades hacia el pueblo sigue un patrón de paternalismo tradicional: la modernización se lleva a cabo en condiciones de restricción de la libre discusión de ideas y del pluralismo en la esfera política.

Traducción: Pablo Veyrat

Imagen: Vladislav Surkov (izquierda), creador del concepto de democracia soberana, asumido por el Kremlin como programa ideológico. A la derecha, el presidente ruso, Dimitri Medvedev (Daylife).


* En castellano en el original.

** El concepto de nación no se emplea en un país multinacional y con tendencia a la formación de imperios.

*** En el pasado, Rusia Sagrada, suelo materno; más tarde, Tierra Natal materna.

**** “La esencia de nuestra cultura es sentir el todo y no manipular los detalles; aunar y no dividir… [Estas  son  las raíces] de la ambición de alcanzar la unidad política a través de la centralización de las funciones del poder… El poder central fuerte aunó, controló y desarrolló un país inmenso, amplio tanto en tiempo como en espacio. Este poder ha realizado todos los cambios importantes” (Vladislav Surkov, junio de 2007). Esta aproximación es típica en los políticos e ideólogos rusos, comenzando con Iván el Terrible, Pedro el Grande y Catalina II.

Los candidatos no tienen prisa en decidirse

dalia-grybauskaiteLituania espera celebrar elecciones presidenciales en mayo. A medida que se acerca el evento, los ciudadanos discuten con más pasión acerca de los posibles candidatos. El actual presidente, Valdas Adamkus, termina su segundo mandato y, por tanto, no puede ser reelegido.

La semana pasada, quedó claro que el grupo Sąjūdis apoyaría la candidatura de Vytautas Landsbergis, actualmente parlamentario europeo. Landsbergis fue el primer jefe de Estado formal de Lituania tras la restauración de la independencia. Por entonces, era el presidente del Parlamento. Se presentó a las primeras elecciones presidenciales en 1992, pero carecía del apoyo popular necesario. El primer presidente fue Algirdas Brazauskas.

Lo curioso es que Landsbergis es presidente de honor de la Unión Patriótica (conservadores), pero el partido va a dar su apoyo a la comisaria europea de Planificación financiera y presupuestos  Dalia Grybauskaitė. Es la candidata con más posibilidades de ganar las próximas elecciones presidenciales. Sin embargo, Grybauskaitė no ha anunciado su intención de participar en la carrera presidencial.

Brazauskas es también otro posible candidato. Sólo ha ocupado el cargo una vez y no se ha vuelto a presentar desde entonces. Teóricamente, tiene posibilidades de volver a la jefatura de Estado.

Un puesto no muy codiciado

Algunos mencionan al cabeza de Resurrección Nacional, el ex showman Arūnas Valinskas, como otro posible candidato. Últimamente, los sondeos lo presentan como un candidato firme, pero por el momento su credibilidad ha decaído considerablemente. Las encuestas sociológicas prueban que los lituanos se han decepcionado rápidamente con su liderazgo político. Los últimos datos lo etiquetan como “político impopular”.

El Presidente de Lituania no es la figura política más influyente del país. El Gobierno tiene más competencias y poder en general. El Jefe de Estado no tiene mucha influencia en la política interior, sino que retiene capacidad de maniobra en las relaciones exteriores. Según la Constitución, tiene 24 funciones (articulo 84), entre las que figuran firmar las leyes (puede vetarlas, pero el Parlamento puede levantar el veto después de una revisión), la entrega de premios nacionales, la decisión de indultar, etc. Por tanto, no todos los políticos lituanos ven el puesto de Presidente como el más tentador. Muchos ven trabajar como parlamentarios europeos en Bruselas como una carrera bastante más aceptable.

Imagen: La comisaria europea de Planificación financiera y presupuestos, Dalia Grybauskaitė.

Una extraña semana llena de visitas oficiales

 

Una delegación de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE en sus siglas inglesas), otra de Letonia encabezada por el mismísimo Primer Ministro, diputados del Parlamento Europeo y el Alto Representante para la Política Exterior y de Defensa de la UE, Javier Solana ¡Todos ellos visitaron Bielorrusia la semana pasada! Fue una semana extraordinaria, teniendo en cuenta que el país vive en semiaislamiento y que rara vez recibe visitas de altos funcionarios europeos.

Göran Lindblad, el presidente de la Comisión de Asuntos Políticos de la Asamblea del Consejo de Europa, explicó que: “Tenemos previsto renovar el estatus de Bielorrusia [observador especial] en junio durante la reunión de la Asamblea Parlamentaria en Paris. El asunto a negociar entre ambas partes es la posible inclusión de la oposición en la delegación del parlamento bielorruso a la PACE. “Encontraremos una forma de incluir a la oposición”, recalcó Lindblad.

eu-bielEl interés de la delegación de la PACE es comprensible, ya que las últimas elecciones parlamentarias fueron completamente fraudulentas y la composición del parlamento actual no refleja la distribución real de fuerzas en la sociedad bielorrusa. Desde luego, las autoridades oficiales se oponen tajantemente a esto. El ministro de Asuntos Exteriores, Sergéi Martynov, afirmó que “la delegación parlamentaria de la República de Bielorrusia sólo puede ser la delegación parlamentaria de la República de Bielorrusia”. Linbland apuntó que Bielorrusia no satisface los criterios para la PACE, pero expresó su confianza en que pueda ingresar en el futuro en la Asamblea.

La delegación de la PACE también se reunió con líderes juveniles de la oposición, que explicaron el reciente incremento de la represión sobre los jóvenes con las disoluciones brutales de las acciones pacíficas del 14 y el 16 de febrero. Los diputados quedaron sorprendidos al escuchar de los jóvenes cómo la policía bielorrusa destruía las banderas banderas de la UE confiscadas a los manifestantes.

Javier Solana también se reunió con representantes de la sociedad civil y dirigentes politicos de la oposición, entre ellos el ex preso político Alexander Kazulin, el líder del movimiento “Por la libertad”,  Alexander Milinkevich y la presienta de la Asociación de Periodistas de Bielorrusia, Zhana Litvina. Después, se reunió con Lukashenko. Este le pidió a Solana que se relacionara con Bielorrusia sin mediadores externos o internos, evidentemente refiriéndose a la oposición democrática como los “internos”. La visita de Solana ha sido la primera vez que un alto cargo de la Unión Europea visita Bielorrusia.

Fin de las prohibiciones

Mr. Pesc repuso que no pretende imponer condiciones a las autoridades de Bielorrusia. Tuvo buenas palabras para cuanto había visto en su visita y calificó su reunión en Minsk como “constructiva”. Esto resultó un tanto extraño y decepcionante para un sector de la oposición democrática, ya que, a finales de 2006, la UE puso 12 condiciones para normalizar las relaciones con Bielorrusia.

Una delegación del Partido Popular Europeo encabezada por el británico Christopher Bisley y compuesta por los eurodiputdos Laima Andrikiené (Lituania), José Xavier Pomés-Ruiz (España) y Jacek Protesovich (Polonia) (este último presidente del comité de relaciones con Bielorrusia), realizó también una visita de un día al país y se reunió con representantes de la sociedad civil bielorrusa, partidos político y diplomáticos. Las reuniones con el presidente Luashenko y el ministro de Exteriores Martynov no llegaron a celebrarse. Los enviados expresaron una opinión negativa acerca del proceso político en Bielorrusia y criticaron la “liberalización” en Bielorrusia. Como si se estuviera produciendo alguna.

Los ministros de Exteriores del bloque suspendieron también la prohibición de viajar a la UE, impuesta el 13 de octubre de 2008, para el presidente Alexander Lukashenko y otros altos cargos del Gobierno. Los ministros justificaron la medida aduciendo que ayudaría a “estimular el diálogo” y las reformas democráticas en el país. Por el momento, hay dialogo, pero las reformas democráticas no aparecen.

Vilnius aguarda nuevas protestas

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Las autoridades lituanas serán puestas de nuevo a prueba el 3 de febrero. Una nueva manifestación de los sindicatos ha sido autorizada frente al Parlamento para ese día.

A diferencia de las del pasado 16 de enero, que desembocaron en protestas masivas, ésta tendrá lugar frente a otra parte del edificio. La Policía ya ha prometido implementar medidas de seguridad sin precedentes para evitar el escenario de enero. La concentración que se avecina no será menos que la anterior. Se esperan no menos de 20.000 personas de todo el país.

Las autoridades están preocupadas por la protesta. Algunos líderes parlamentarios han pedido ya al Gobierno local que no autorice la marcha ante el Parlamento o que propongan un emplazamiento alternativo. Entre estos lugares han estado el Parque Nagorny, en el centro histórico, pero lejos de los edificios gubernamentales, o el Parque Vingis, donde se organizan tradicionalmente las fiestas y grandes conciertos. El Gobierno local ha decidido, sin embargo, que los ciudadanos tienen derecho a expresarse en las cercanías de las autoridades y ha ignorado estas propuestas.

Prestemos atención a algunos aspectos de esta situación. La reacción de las autoridades, cercana a la histeria ante la ira de los ciudadanos, muestra la inestabilidad del actual Gobierno lituano. Sencillamente, quiere tener a los ciudadanos lejos. Por eso querían que la manifestación no se celebrara cerca de edificios gubernamentales. En este sentido, la reacción del Gobierno municipal es elogiable.

El comportamiento de los manifestantes dependerá una vez más de cómo reaccionen los representantes de las elites. Han de tener el valor de acercarse a hablar a pesar del riesgo de recibir algún que otro huevazo y de asumir parte de la responsabilidad por la desconfianza y los sentimientos encontrados. Las autoridades no están escuchando a la sociedad. Ese es el problema en Lituania (y no sólo aquí). Los políticos sólo escuchan en período preelectoral.