Detienen a un topo de Rusia en Estonia

Aleksei Dressen (AFP)
Publicado originalmente en El Mundo
Pablo Veyrat | Tallin
Proveniente de la policía soviética, Dressen llevaba en el KAPO desde 1993, donde ha desempeñado cargos directivos. La agencia desconoce durante cuánto tiempo ha tenido lugar la colaboración del espía con el FSB, pero Aeg la cifró en “varios años” y la explicó por afán de lucro personal. Recientemente había investigado movimientos extremistas, que en Estonia abarcan desde grupos neonazis a movimientos rusos, que la agencia sospecha reciben instrucciones de Moscú. De ser encontrado culpable, podría ser condenado a cadena perpetua.
En 2007, Dressen fue degradado por no haber previsto los disturbios que ocasionó el traslado de la estatua del soldado de bronce en Tallín, un monumento soviético que los estonios veían como símbolo de la ocupación. Los disturbios fueron seguidos por una ola de ciberataques que paralizaron por unas horas el país. La investigación posterior vinculó esos ataques y los disturbios con Rusia. Los eventos de 2007 valieron la inclusión de la ciberguerra como agresión en el punto 5 del tratado de la OTAN, que estipula la defensa colectiva tras la agresión a un miembro de la alianza. La prensa estonia especulaba hoy que el fallo en el análisis de Dressen pudo ser intencionado.
“Nos enfrentamos a una superpotencia que invierte grandes cantidades de recursos en espionaje, influencia y subversión [...] No creo que ningún país esté libre de incidentes similares”, declaró ayer el ministro del Interior, Ken-Marti Vaher, que previamente ha dirigido el KAPO. En 2009, fue condenado a 12 años de prisión por pasar información a Rusia Hermann Simm, otro ex alto cargo encargado de la custodia de secretos de Estado. En aquella ocasión, la OTAN mostró su preocupación, dado que Simm había tenido acceso a documentos secretos de la organización.
Espionaje postsoviético
Periódicamente emergen casos de espías rusos arrestados en Occidente. En 2010, una red de varios agentes que se hacían pasar por ciudadanos normales fue detenida en EEUU. El CNI español también arrestó en 2007 a un ex agente acusado de vender información a Moscú. “Rusia está muy interesada en penetrar los servicios occidentales de inteligencia y sus servicios de seguridad. Es un tanto obsesivo: exageran la importancia de estas agencias y las convierten en una prioridad”, explica el periodista Edwards Lucas, especialista en la ex Union Soviética para ‘The Economist’ y autor de un libro sobre espionaje ruso de próxima aparición.
“En sus fronteras, la inteligencia rusa está interesada en estados donde la influencia de Occidente es mayor. En ese sentido, ven a los países bálticos como peones de la OTAN. Tienen la sospecha de que la OTAN planea un ataque a Rusia a través de Estonia y esto es algo que siempre tratan de encontrar. Claro que no existe ningún plan, pero cuanto menos lo encuentran, más lo buscan”, relata Lucas.
El analista sueco Vilhelm Konnander recuerda que otro de los intereses de la inteligencia rusa de hoy es el espionaje industrial y señala la dificultad de reclutar agentes extranjeros. “Yo no lo simplificaría en un asunto de espías y traidores. Un agente de esta clase no sale con un tipo acercándose y ofreciendo 1.000 dólares por una maleta con información. Es un proceso largo. Yo miraría sus relaciones, su historia y me plantearía por qué lo ha hecho desde una perspectiva global”, explica Konnander. La vinculación de varios ciudadanos con la policía secreta de la URSS, el KGB, y su posible colaboración posterior con Rusia ha sido fuente de preocupación en toda Europa del Este tras la caída del Telón de Acero.
“Siempre me ha extrañado que no hubiera más topos en el KAPO. La doctrina del espionaje ruso establece que siempre hay que tener dos fuentes en cada objetivo para asegurarse de que no están exagerando”, agrega Lucas. Que Dressen trabajara para el FSB y no para el espionaje exterior ruso, el SVR, llama la atención del periodista, ya que ambas agencias tienen intereses distintos. “Mi sospecha es que esto era una operación de contrainteligencia del FSB. Querían saber qué sabía el KAPO sobre ellos”, concluye Lucas.
